palabra en el tiempo

Alejandro V. García

El colador

EL Consejo de Europa ha suspendido a España en corrupción o, por ser más concreto, ha cateado a los partidos políticos porque su sistema de financiación está lleno de clamorosas incógnitas. La suma de agujeros detectada por el llamado Grupo de Estados contra la Corrupción (Greco), según una información de El País, es lo más parecido a un colador (o a un coladero). Aquí van algunos. El primero, la imposibilidad de cruzar los datos sobre los préstamos contraídos por los partidos con los del Banco de España. Segundo, no se sabe cuánto deben o, en el mejor de los casos, si deben lo que dicen. El Consejo Europa sospecha que las condiciones de los créditos están plagadas de cláusulas preferentes, tanto que muchas operaciones deberían tener la consideración de donaciones. Tercero, no hay límites para contraer endeudamientos. También son opacas las finanzas de las fundaciones. La turbiedad, dice el informe, es especialmente preocupante en las agrupaciones locales de los municipios con más de 20.000 habitantes, de donde procede el 25% de la financiación. "Los riesgos de corrupción", advierte el consejo de Europa, "son especialmente altos".

¿Y qué protagonismo le corresponde a los ayuntamientos en la financiación de los partidos? El papel, me temo, es determinante. Ahora que nos enfrentamos a una ardorosa campaña electoral es oportuno reconocer que si, como dice el informe del Greco, las finanzas no son transparentes, el papel que juegan los municipios en el sostenimiento de los partidos está cubierto por una espesísima red de telarañas. Yo estoy convencido de que muchas de las recalificaciones urbanísticas incorrectas esconden, más que enriquecimientos personales, sistemas consolidados para la captación de recursos. Unos recursos que se reparten para remendar los presupuestos o para las finanzas de las agrupaciones. El pandemonio de las compensaciones de suelo o la interpretación generosa de los preceptos legales son dos artimañas que se deslizan por los mismos pasillos resbaladizos. Y qué decir de las empresas municipales que funcionan en régimen mixto con una multinacional y que se convierten, vaya usted a saber por qué, en generosas bienhechoras de las ciudades. La mayoría de las barrabasadas y anomalías que investiga la justicia en las instituciones (desde parlamentos autonómicos a ayuntamientos medianos) orbitan alrededor de hipotéticas financiaciones ilegales. El Gürtel, sin ir más lejos. Los trajes de Camps son el elegante vestuario que cubre una sospecha extraordinaria sobre las finanzas del PP.

Por supuesto que todo lo dicho no supera el rango de la sospecha, de la presentimiento o la malicia. Pero, como dice el Consejo de Europa, ya quisiéramos disponer de datos verificados que nos ahorraran las conjeturas, que siempre son peligrosas.

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