el periscopio

León Lasa /

El colapso de una época

CENTENARES de adolescentes alienados, celebrando en una carpa gigante una estupidez sin sentido, donde finalmente lo que acaban encontrando es la muerte. Es, al parecer, todo lo que podemos ofrecer a los jóvenes de hoy. Como escribía hace un par de días Carlos Colón: "Halloween está muy bien en Estados Unidos, pero aquí es un síntoma de aculturación consumista, de estupidez global. Pobres ilustrados: creyeron que quitando a Dios de en medio las Luces guiarían hasta su edad adulta a un ser humano liberado, y resulta que ha quedado reducido a un esclavo consumidor recluido en una interminable adolescencia". Lo peor de todo es que, además, ese modelo sustituto, la sociedad del hipercconsumo, se está yendo al garete de forma acelerada. Nos encontramos más cerca que nuca de que los jóvenes se conviertan en replicantes de Blade Runner: seres con apariencia humana pero sin memoria o recuerdos y sin futuro o proyectos.

En este sentido traigo a colación un artículo de opinión publicado recientemente en el diario El País que se titula El colapso de una nación en el que, entre otras cosas, se viene a decir que el resultado más evidente e inmediato de la severa crisis económica que padecemos, y de las políticas diseñadas por la Unión Europea y aplicadas por los respectivos gobiernos para superar esta coyuntura, acarreará sin duda un significativo empobrecimiento de España como país y de los ciudadanos cuyas economías se contraerán aún más en los próximos años. Se añade que no nos espera otra cosa sino un futuro sombrío sin otra certeza que el empobrecimiento seguro, y que la España que amanecerá después de los años de jolgorio y penas apenas será reconocible. ¿Cómo se vivirá en una sociedad en la que el consumo hedonista que nos ha adormecido en los últimos años desaparezca sin que queden ya secuelas de los valores que nos "domesticaban"? Es, todavía, una incógnita, aunque algo se barrunta. Hace algunos años Peter Sloterdijk, el filósofo alemán, se hacía esta misma pregunta en su breve obra Normas para el Parque Humano, antes de que el Titanic encallara en el iceberg de la crisis. Las perspectivas sin duda son oscuras. No solamente por el colapso de un estilo de vida basado en la peregrinación semanal a la gran superficie -remedos ordinarios de las catedrales góticas-, sino por el desmantelamiento apresurado de un sistema de bienestar social al que los españoles llegamos tarde y mal. El deterioro material de las condiciones vitales, sin asideros etéreos de los que agarrarse, no va a ser fácil de sobrellevar. Quizá sólo nos quede Facebook, el fútbol, jalowin, y pocas cosas más.

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