El poliedro

Una cometa en contra del viento

Tras la paralización de Air Comet, Díaz Ferrán se ve abocado a dimitir de su cargo presidencial en la CEOE

LA matemática de los llamados fenómenos aleatorios establece que la probabilidad de un suceso es el cociente de dividir los casos favorables a que dicho suceso acaezca por el número total de casos posibles. Por ejemplo, si hacemos el cálculo de la esperanza matemática de que nos toque un décimo de lotería del Gordo, convendremos que dicha probabilidad es de uno entre cien mil, algo parecido a la probabilidad de que todo el aforo del Bernabéu, donde se encuentra un esperanzado sujeto, abra la boca y que una gominola lanzada desde una avioneta caiga justamente dentro de la de nuestro hombre. Con gratuito optimismo, diremos que por qué no va a suceder tan improbable cosa; si somos realistas, mejor olvidarse de ganarse la golosina al azar, y ganárnosla con el sudor de nuestra frente. Sin evidencia científica, me atrevo a conjeturar que la mayoría de los décimos que se compran (que suponen, en total y de media, unos 50 euros por español, bebés incluidos) son preventivos: "no vaya a ser que toque en mi departamento, en mi hermandad, en mi bar habitual... y yo no lleve nada y me vea obligado a compartir cava calentón con los verdaderos premiados"; un cruel castigo. Si, además, vinculamos la probabilidad de forrarnos el 22 de diciembre un año con otro suceso (por ejemplo, que nuestra empresa se hunda ese mismo día), la probabilidad es mucho menor, aunque bien es cierto que el primer suceso -que caiga el Gordo en una oficina de Viajes Marsans- es aleatorio puro, mientras que el segundo -que Air Comet, la compañía aérea de Marsans, pegue el cerrojazo- era algo esperado, al menos por los más informados. De todas formas, resulta como mínimo irónica la alineación astral de este martes pasado. Que, además, el presidente de la compañía lo sea también de la patronal es ya para nota, algo muy improbable... o quizá no tanto: en dicha probabilidad combinada hay fugas de aleatoriedad. Ni es tan raro que a día de hoy una empresa cierre por no poder refinanciar su deuda, ni es tan raro que Díaz Ferrán, presidente de Air Comet, fuera presidente de una gran empresa multinacional de matriz española y de la CEOE al mismo tiempo.

No faltan quienes afirman que Díaz Ferrán buscaba obtener sinergias con la combinación de ambos cargos. Para tal maledicencia se alegaba como prueba la presión que Ferrán ejerció sobre Zapatero cuando Kirchner decidió recuperar Aerolíneas Argentinas en 2008, que Marsans había comprado por un dólar. Zapatero dribló al empresario entonces: pasó de él, no se han gustado nunca. El cargo institucional no parece haberle servido de mucho tampoco en la suspensión de pagos de Air Comet, cuya mecha detonante la prendió un juez británico sólo un día antes. Díaz Ferrán no se parece en nada a su predecesor, José María Cuevas. Mientras que aquél es un empresario, éste era un gestor, un empleado quasi vitalicio de una patronal mucho tiempo tan inofensiva como los propios sindicatos que, con el gobierno de turno, constituían (y constituyen) una triada estabilizadora y distribuidora de fondos europeos, tanto a nivel estatal como autonómico. Díaz Ferrán es lenguaraz e impredecible -cuando esto se escribe los teletipos escupen la siguiente perla de don Gerardo: "Yo mismo no hubiera volado con Air Comet a ningún sitio"-; Cuevas era discreto, casi invisible. Ferrán tendrá que dimitir. Su vicepresidente podría asumir la presidencia interina. Para sucederlo suena su contrincante en las últimas elecciones, Santiago Herrero, presidente de la CEA, y Rosell, presidente de los empresarios catalanes. Alguien dijo que las cometas vuelan más alto en contra del viento, y caen con el viento a favor. En el caso de Air Comet, y quizá de su dueño principal, la máxima no ha funcionado: de momento, ha sido al revés. Ojalá remonte (?).

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