Editorial

La comparecencia

EL presidente del Gobierno arrancó ayer el nuevo curso político con una comparecencia en la que confirmó lo ya avanzado, de forma más o menos explícita, por otros miembros del Gabinete: la subida de impuestos será el asunto esencial de la agenda legislativa del Gobierno, cuya política económica de los últimos tiempos, incluso antes de que la crisis empezara a cobrarse su factura social, ha sido precisamente la que ha disparado el déficit público casi siete puntos por encima de lo que marca el pacto de estabilidad de la UE. El jefe del Ejecutivo, consciente del impacto que tendrá esta medida en la delicada situación de empresas y familias, intentó armar un argumentario de urgencia para defender la decisión, cuya envergadura eludió aclarar, limitándose a decir que algunos impuestos "subirán" y otros "bajarán". La revisión de la política fiscal será, según sus palabras, "limitada y temporal". Y añadió: "Los ingresos por trabajo y la actividad de las empresas se preservarán", acaso sugiriendo que una de las vías a explorar -de nuevo- será la subida de la llamada fiscalidad indirecta; por ejemplo, el IVA. Parece, a tenor de lo visto, que la preocupación del Ejecutivo está más centrada en cómo justificar la decisión para que tenga el menor coste político posible que en tratar de evitarla o reducirla aplicando otras alternativas. Así debe entenderse la apelación de Zapatero a que España tiene una fiscalidad siete puntos inferior a la media europea o que la actual presión impositiva es la menor desde 1995, obviando otras singularidades, como la disparidad de salarios existente entre España y Europa -la reciente encuesta sobre los mileuristas es un buen ejemplo de qué nos diferencia-, la escasa productividad, la discreta inversión en investigación o la nula vocación exportadora de la economía nacional. Estos factores, según los expertos, están permitiendo a otros países de nuestro entorno salir ya de la crisis. Zapatero parece convencido de que puede cambiar el modelo económico por decreto -pese a sus apelaciones al consenso- y en un plazo casi inmediato. Mientras lo intenta, los datos económicos auguran más malas noticias: el paro no deja de crecer y la subida de impuestos retraerá el consumo. No parece ser el camino. Otra cuestión es que para el Gobierno sea el único sendero con tal de no reconocer sus errores.

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