La conservación del lince, un éxito colectivo

DURANTE décadas, la protección del lince ibérico ha sido una de las banderas del movimiento conservacionista andaluz. Ecologistas, científicos y gestores medioambientales, tanto del ámbito público como del privado, han trabajado intensamente para evitar la desaparición de uno de los últimos grandes mamíferos salvajes que quedan en España. Esta meritoria labor no siempre ha contado con la comprensión general, y no han faltado los argumentos demagógicos y claramente indocumentados que acusaban a esta lucha de ser una especie de agujero negro para los recursos públicos. A estas alturas, cuando ya hemos comprobado los estragos de la industrialización y la sobreconstrucción, poner en duda cualquier acción encaminada a proteger lo poco de biodiversidad que nos queda sólo puede hacerse desde el más profundo desconocimiento o, simplemente, desde la mala fe. El lince, además, es un icono y un símbolo, también sirve de atractivo para un turismo culto y respetuoso que valora una naturaleza salvaje que, prácticamente, ha desaparecido en Europa.

Tras años de dudas e incertidumbres, en 2014 el lince ibérico dejó atrás la categoría de especie en extinción, lo que pudo considerarse como todo un éxito colectivo de los andaluces. No era fácil parar el camino hacia la desaparición de esta especie, pero tanto desde la Consejería de Medio Ambiente como desde el CSIC y otros organismos se consiguió enderezar la cuestión gracias a un riguroso trabajo científico y al buen hacer en política medioambiental. Ahora, los datos de 2015 del informe de Life+Iberlince desvelan que seguimos en la senda del éxito, ya que la población de este felino alcanzó en 2015 los 404 ejemplares, de los que 361 se encontraban en Andalucía, lo que confirma la "tendencia al alza". Estos datos, que se difundieron en el V Seminario Internacional sobre la Conservación del Lince, que reunió en Sevilla la semana pasada a más de 250 representantes de diferentes colectivos, indican también que se ha reducido considerablemente la muerte de estos animales por atropello, que es la principal causa de muerte no natural de la especie. En concreto, se ha pasado de los 21 fallecimientos por atropello de 2014 a los 10 durante de pasado ejercicio, es decir una reducción casi a la mitad.

Todavía queda mucho trabajo por hacer. De hecho el informe recuerda que el lince sigue "muy afectado" por la alta mortalidad de conejos debido al EHVb. Habrá que seguir manteniendo el esfuerzo y no bajar la guardia.

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