El análisis

Jerónimo Molina / Director Del Instituto De Estudios De La Fundación Cajamar

¿Para cuándo la convergencia de Andalucía?

La economía regional hace 'la goma': crece en fases de expansión por encima de la media y pierde fuelle en etapas de estancamiento, sin mantener un ritmo propio que la acerque al crecimiento del PIB nacional

EL pasado mes de marzo, el INE publicó los resultados de la Contabilidad Regional de España sobre el crecimiento del Producto Interior Bruto de las Comunidades Autónomas en 2007. Desgraciadamente, por primera vez en lo que va de siglo Andalucía volvió a crecer por debajo de la media nacional. También en dicha publicación se ofreció el PIB per cápita en 2007, donde Andalucía continuó en el penúltimo puesto, sólo por delante de Extremadura. Frente a una media de 23.396 euros por habitante en España, en Andalucía sólo obtenemos 18.298 euros; es decir, que los andaluces representamos un 78% de la media española, cifra que baja al 74% comparada con la media de la UE de los 27 miembros.

El año 2007 vino marcado por el cambio de ciclo, presentando dos comportamientos claramente diferenciados: una primera parte aún en clara fase expansiva, y una segunda mitad donde se inició la desaceleración, que se acentuó a medida que transcurría el año. Esta dual evolución viene a ratificar el tradicional comportamiento de la economía andaluza, que en fases de expansión crece más que la media, mientras que su crecimiento es menor en las de desaceleración.

Efectivamente, si observáramos la evolución de la economía andaluza desde los años 90, veríamos cómo va creciendo menos que el conjunto nacional hasta 2000, cuando, arrastrados por la fase expansiva del ciclo, crecemos por encima de la media española; una tendencia que se rompe con el inicio de la desaceleración actual. Nos aproximamos y nos alejamos en torno al 75% de la media nacional, pero sin mantener un ritmo propio de crecimiento que nos permita avanzar de manera continuada.

Este crecimiento dependiente nos hace progresar o retroceder, pero manteniéndonos siempre en el mismo sitio. En ciclismo, lo anterior se conoce como hacer la goma. Es lo que se dice del ciclista que va aguantando con dificultad apenas unos metros por detrás de la cola del pelotón, que se aproxima en los descensos, pero que ve que el grupo se aleja cuando se vuelve a empinar la carretera. Situación que, evidentemente, no es la más adecuada para abordar las duras etapas que se nos avecinan.

En este estado de cosas, habría que preguntarse qué le ocurre a la economía andaluza que, siendo la que más creció entre 2000 y 2007 (tras Murcia), no acaba de incorporarse al pelotón. Es decir, cuáles son los condicionantes que impiden la convergencia andaluza. Evidentemente, son muchos y su simple enumeración excede la capacidad de este artículo, pero si nos limitamos a observar la oferta andaluza y recordamos que el PIB generado es resultante de multiplicar el número de trabajadores por su productividad, vemos que el crecimiento de Andalucía se ha basado más en el aumento del empleo que en el de la productividad. En un mundo como el actual, donde la competencia te obliga a incorporar permanentemente tecnologías en los procesos de producción, nuestra oferta se limita a productos poco sometidos a la competencia como la construcción y el turismo; o bien a producir commodities, en el caso de la mayoría de la producción agraria que sale de Andalucía sin casi transformación. Este alejamiento del mercado de parte de la actividad de la economía andaluza, a la que habría que sumar la elevada aportación del sector público, es una de las causas que dificulta la adaptación de nuestro tejido productivo a los mercados globales, frenando la mejora en la competitividad tanto de trabajadores, como de empresas y del propio territorio.

Da la impresión de que Andalucía tiene capacidad para aprovechar adaptarse a las circunstancias a corto plazo. Pero existe una gran dificultad para elaborar una estrategia a largo plazo. En economía se dice que la demanda determina los crecimientos a corto plazo, pero que a largo es la oferta y, en este último caso, es la capacidad de los sectores donde se asienta esa oferta la que determina el desarrollo.

En esta última fase del ciclo, hemos sabido aprovechar el crecimiento del consumo de las familias y el aumento de la inversión en vivienda. Sin embargo, nuestra oferta sigue siendo la de una construcción y unos servicios alejados de la competencia, turismo con predominio del de sol y playa, una casi inexistente industria y una agricultura que apenas transforma sus productos en alimentos. En definitiva, un aparato productivo no vinculado al mercado, sin exigencias de capital humano y tecnología.

El desarrollo a largo plazo pasa por aprovechar al máximo los recursos y aplicar la investigación y el desarrollo necesarios que permitan incorporar valor y diferenciarse en los mercados. Sin excluir otras opciones, hay dos actividades donde Andalucía debería anclar su modelo de desarrollo: la industria alimentaria y las nuevas formas del turismo vinculadas a la cultura y a la naturaleza. La alimentación continúa siendo la actividad más importante de la humanidad, y en su permanente evolución se encuentran las claves de gran parte del avance científico. A veces nos empeñamos en buscar las soluciones en horizontes lejanos, sin mirar las posibilidades que tenemos en nuestra propia casa.

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