Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El corazón choca con el cerebro

El cuerpo le pide al Betis llegar a la Justicia ordinaria, pero la cabeza vive envuelta en un mar de interrogantes

CUANDO las barbas de Pizarro veas pelar pon las tuyas a remojar. Pizarro no es el conquistador trujillano, sino el delantero peruano suspendido por su federación por echar unas canas al aire estando en la selección. Y el hombre, viendo que se estrellaba ante el muro de los sanedrines deportivos, se fue a la Justicia ordinaria para tratar de paliar el año y medio de suspensión que le había caído por su mala cabeza. Bueno, pues no ha tardado la FIFA en decirle que o acepta las reglas de juego suyas o a buscarse la vida en otra faceta que no tenga que ver con su actividad de futbolista. De futbolista sujeto a esas reglas, claro.

Rechinan los cojinetes, dicho sea con perdón, pero esto es lo que hay. Ya sé que ni al Athletic Club ni al Barça les ocurrió nada por recurrir a lo que cualquiera tiene derecho, pero hay instituciones de primera y el resto a ver cómo les dan por la retambufa. Todo es cosa de que Ángel Villar se chive o no a Blatter y cómo se iba a ir de la lengua el competente abogado por Deusto con su club del alma o con el que tanto le ayudó y ayuda a mantenerse en su sillón, el Fútbol Club Barcelona. Athletic y Barça son mucho más que simples clubes, vieron que la Justicia ordinaria no iba a darles la razón, retiraron las demandas, aquí paz y después mucha gloria, no pasó nada.

Ahora entra el Betis, Real Betis Balompié, en liza porque el cuerpo le pide que haya justicia y que los minutos que restan de su pleito con Athletic Club se jueguen. Menos tiempo faltaba con el Barça, que es infinitamente mejor que el Athletic, y le dio la vuelta al marcador, ¿por qué no ante los vascos? En condiciones normales habría que ir a la ordinaria porque ya ordenó Villar que no hubiese recurso posible para los tres puntos estafados. Pide el cuerpo pelear por ellos hasta el Constitucional si es menester, pero las secuelas son imprevisibles. Afortunadamente esos puntos no parecen vitales para el descenso, conque a ver quién gana, si el corazón o la cabeza.

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