Plaza nueva

Luis Carlos Peris

La cornada a Gallardón

PERSONAJE de la semana y de muchas semanas, seguro que así será, el alcalde de la Villa y Corte, el hijo de José María Ruiz Gallardón, Alberto, político casi de cuna y de precocidad reconocida que ha recibido una cornada con mucha luz y una barbaridad de taquígrafos. Dice un chiste de dudoso gusto que mira si es mala la política que lo mejor que se conoce es una madre y lo peor... una madre política. Bueno, pues a este político que mamó la política desde niño le han quitado los pies del suelo los peores enemigos que puede tener un político que se precie, los compañeros de viaje. Así como la política hace extraños compañeros de cama, cuando la cornada surge en ella no hay que irse muy lejos para adivinar las causas del percance.

Dicen los toreros que una cornada no se va de la cabeza mientras no se dé con el error que la provocó. Alberto Ruiz-Gallardón, el hijo de don José María y yerno de Utrera Molina, debe descubrir por vía de urgencia por qué el percance, cuál es la causa de que Esperanza Aguirre, ganadera de bravo por vía familiar, haya sido el detonante para que un ganador nato haya salido por la puerta de la enfermería en vez de por la grande. Ganar de forma tan continuada y aplastante como ganaba Gallardón, primero en la Comunidad y luego en la Alcaldía de Madrid tiene que despertar unos celos tremendos y unas considerables reticencias, sobre todo en un partido como el Popular tan poblado de figurones y de políticos de mucho nombre que jamás les ganan a nadie. Alberto sí está habituado a la victoria, los enemigos afloran como las setas alimentados por la envidia y no cabe la menor duda de que cuando se le pase el sofocón y enfríe las ideas, la película va a dar juego, una barbaridad de juego con la incógnita de adivinar quién será el último en reír.

Creo que el Partido Popular es el mejor propagandista del PSOE, pues de otra forma no se explica que a mes y medio de jugarse los cuartos en las urnas monten esta carajera intestina. Y hay que recordar también las recientes lágrimas de Gallardón en la presentación de un libro sobre Manuel Fraga poniendo al veterano líder gallego como el espejo donde él se mira. Un tío que es tan eficiente en las urnas y que, además, glosa la figura de alguien ya considerado como dinosaurio en su propio partido es pasto inmediato de envidiosos, mediocres y gente poco fiable. Esperanza Aguirre es quien se ha llevado todo el protagonismo de la faena, pero está claro que la ha tenido que rematar en compañía de otros. En compañía de muchos de los que llevan viajando con Alberto Ruiz-Gallardón durante los últimos treinta años. Lo que resulta de difícil explicación es que a tan poco tiempo como estamos de unas elecciones hayan mandado al banquillo a una máquina de almacenar votos.

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