La esquina

josé / aguilar

La cosa está casi imposible

HOY hay esperanza para un Gobierno del cambio, resumió Pedro Sánchez tras su reunión con Iglesias, previa puesta en escena del paseo de la reconciliación, tan fingidamente espontáneo y distendido, con ropaje y gestualidad como casuales y exultante del buenrrollismo de la España emergente.

Esperanza, pero poquita. Difícil, complicado, casi imposible, matizó enseguida el propio Sánchez sobre la posibilidad de que las negociaciones aún no iniciadas conduzcan a un apoyo de Podemos a la investidura del líder socialista. El éxito de la intentona es casi imposible por las mismas razones por las que lo fue en las dos sesiones de investidura que Sánchez ya perdió. Por falta de trapío de la candidatura.

Falta de trapío quiere decir que no salen las cuentas. Si el acuerdo PSOE-Ciudadanos se mantiene, Podemos tendría que abstenerse a cambio de nada... para que se forme un Gobierno débil. Y si el PSOE rompiera con Ciudadanos para aliarse con los podemitas, harían falta abstenciones de nacionalistas e independentistas... para otro Gobierno débil. Tampoco está claro que el comité federal socialista aceptara que Sánchez quedase rehén de Iglesias.

Pedro está persiguiendo un imposible: ser presidente de Gobierno gracias a dos partidos expresamente antitéticos en todo lo fundamental: unidad de España, política económica, impuestos, déficit público, terrorismo y Europa. Albert Rivera lo ha explicado: no apoyará ningún gobierno con ministros de Podemos. Pablo Iglesias tampoco respaldará uno que tenga ministros de C´s. Fin del capítulo.

¿Por qué esta tenacidad en un sueño imposible? Porque Sánchez prolonga así su permanencia en el centro de la vida nacional al que le ha llevado la incalificable parálisis de Rajoy y porque si deja de pedalear se estrella contra el pavimento. En ese mismo momento su liderazgo resucitado empezará a agrietarse en el PSOE.

Hay otra motivación en el teatrillo de Sánchez e Iglesias. Resignados a que haya nuevas elecciones, los dos buscan redimirse de sus responsabilidades. El primero se presentará como víctima de la intransigencia del otro, e Iglesias está filtrando todas las concesiones que ya ha hecho o está dispuesto a hacer, para que sea Sánchez quien arrostre la culpa del desacuerdo.

Ambos miran ya hacia junio. Su postureo de hoy busca en realidad el avance electoral de mañana. Pero lo que avanzará mañana será probablemente la abstención.

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