La ventana

Luis Carlos Peris

No es cosa de ponerle un barrendero a cada ciudadano

DECÍAMOS ayer que el Salvador ya está como Dios manda. Nos congratulábamos de que el segundo templo de Sevilla ya esté en condiciones de ser disfrutado y, mejor aún, con todos sus inquilinos en perfecto estado de revista, cada uno en su respectivo lugar. Hasta ahí, todo en orden, perfecto, pero la cuestión prosaica e imprescindible de la limpieza deja mucho que desear. La hermandad del Amor se quejó de la suciedad que imperaba en la plaza la noche de la vuelta a casa y el Ayuntamiento se defiende acusando a la ciudadanía de falta de colaboración, eufemismo con el que se maquilla el siempre agreste calificativo de guarra. La gente que no colabora a fin de que las calles estén presentables es gente guarrilla y, aunque generalizar es injusto, doy fe de que nuestros vecinos dan un perfil bajo en esa asignatura, que tampoco es cuestión de ponerle a cada ciudadano un barrendero.

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