la ciudad y los días

Carlos Colón

Las cosas del campo

SE supone que la existencia de la televisión pública se justifica por la necesidad de ofrecer lo que las privadas no ofrecen. ¿Y qué es esto? Cultura, divulgación, información reflexionada, entretenimiento digno. A lo que las cadenas públicas autonómicas deben añadir el valor de la proximidad. Frente a las cadenas privadas nacionales que ni tan siquiera reflejan la realidad cultural, social o política de España, porque lo que ofrecen es un vómito global, las cadenas públicas autonómicas tienen la simple y a la vez compleja obligación de mostrar la realidad, reflejar la pluralidad y poner en valor lo valioso de lo propio.

A esto llamo proximidad. Lo contrario de la basura franquiciada que esparce la misma m… por todo el mundo. Una m…, para colmo, irreal, desarraigada, fruto monstruoso de la realidad violada por la ficción, producto de laboratorio que empeora aún más lo que está mal y dificulta el acceso de las mayorías, no digamos ya a la cultura de cierto nivel creativo o reflexivo, sino tan siquiera a formas dignas de entretenimiento.

Aun no siendo un programa basura, da vértigo ver cómo en Slumdog Millionaire el concurso se reproduce hasta el más mínimo detalle -guión, decorado, sintonía- en una cultura tan fuerte y distinta como la india, colonizada ahora por la televisión -¿Quieres ser millonario? es un programa de origen inglés distribuido internacionalmente por Sony- como antes lo estuvo por Robert Clive.

En el medio televisivo se supone que el dinero de los ciudadanos les protege, a través de las cadenas públicas, de lo que la mayoría quiere ver. Paradójico, pero cierto. Mantener una oferta diferenciada y de calidad en un mercado en el que el éxito se logra por la competencia a la baja es la tarea de los medios públicos. A ella se une en las autonómicas el factor de proximidad.

Desgraciadamente estos propósitos no se suelen cumplir. Salvo honrosas excepciones. Una de ellas, en Canal Sur, es Campechanos, un programa que adapta la fórmula del docushow a una de las realidades más tenazmente ignoradas por los medios: el campo y los pueblos.

Su mérito es que no lo hace como tipismo paternalista o nostalgia bucólica, sino dando cuenta de una rica realidad patrimonial -oficios, costumbres, medio ambiente- y económica -empresas, explotaciones, investigación-. Están las cosas del campo, por decirlo en palabras de Muñoz Rojas, en su sentido virgiliano espiritual y culturalmente enriquecedor. Pero está también el empuje de formas de creación de riqueza claves en Andalucía. La existencia de un programa así marca la diferencia a partir de la que una televisión pública tiene sentido.

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