la otra tele

Hyde /

Es un crimen que pase desapercibida

HACE unos días, Mary McNamara, especialista en televisión del siempre bien informado en esto del entertainment business LA Times, descubría las razones por las que los ejecutivos de la cadena AMC estaban dispuestos a "darse cornadas" el tiempo que fuera necesario con Matt Weiner, el creador de Mad Men, para el contrato de la quinta temporada. Don Draper ya no es el único gallo en el corral de la joven pero excelente televisión por cable, la máxima competidora de la HBO. Y no hablamos de Breaking Bad y el profesor Walter White, sino de The Killing y Sarah Linden (foto), esa pequeña joya que la semana que viene termina su primera temporada y que acaba de ser renovada. Adaptación de una serie danesa, a propósito de The Killing y otras novedades de este año se ha abierto un debate entre los críticos americanos: ¿Son mejores las series de las televisiones de pago (cable) o las de las grandes cadenas (networks) en abierto? La pregunta incluye una propuesta: los Emmy deberían diferenciar ambas cuando se vota al mejor drama y comedia. No es justo comparar series que duran prácticamente medio año, con 23 o 24 episodios, con otras que sólo llegan a 13. Producciones de alto coste que si bajan de los diez millones de espectadores sufren para ser renovadas mientras que otras, a pesar de sólo llegar a los 3 millones por capítulo, tienen su continuidad garantizada. La presión sobre unos y otros guionistas y creadores debe de ser muy distinta. El caso es que, ahora que se ha abierto el periodo de votación de las candidaturas para los Emmy entre los miembros de la Academia de la Televisión, The Killing podría entrar. A tenor de otras nominaciones de asociaciones de críticos, competirá desde luego contra su hermanaMad Men, The Good Wife, Juego de tronos, Boardwalk Empire y, si el mundo es justo, con Justified (con una segunda temporada que quita el hipo) y Friday Night Lights (homenaje de despedida a un show incomprendido por el gran público y amado por una fiel minoría). A The Killing se le reprocha que es muy lenta, que se centra demasiado en explorar a sus personajes, que nos ha llevado a aparentes callejones sin salida en la investigación del asesinato de Rosie Larsen, que abusa de la (falsa) atmósfera opresiva de la lluviosa Seattle. Pero incluso episodios en los que realmente no ocurre nada, como el 11 (The missing), son una maravilla de interpretación, iluminación, guión. Con el ruido de espadas de la estupenda Juego de tronos, a casi todo el mundo se le está escapando esta fenomenal (y modesta) serie.

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