la ciudad y los días

Carlos Colón

La crisis de la democracia

DEBILITAMIENTO de las clases medias y fracaso educativo, especialmente grave en lo que se refiere al abandono escolar. Lo primero se debe a la crisis. Lo segundo es resultado de una larga cadena de errores. Por ello es lógico cabrearse con el anterior Gobierno, que ocultó la gravedad de la crisis y no la afrontó -tarde y mal- hasta que Washington y Bruselas le obligaron. Y es lógico cabrearse contra el actual Gobierno, bien por la dureza de las medidas adoptadas o porque se entienda que son erróneas y que se reparten desigualmente las cargas. Pero no lo es tanto cabrearse y manifestarse -sólo ahora y contra el actual ministro- en lo que a las cuestiones educativas se refiere. Hace ya muchos años y muchos gobiernos que la educación está siendo maltratada por socialistas y populares, gobiernos centrales y autonómicos.

Conceptos pedagógicos erróneos y medios insuficientes -o mal utilizados- nos han traído hasta la situación actual. Ignorarlo, cargando sólo contra el actual ministro, es erróneo además de injusto. El propio lema coreado estos días, exigiendo una educación pública y gratuita de calidad, induce a error. La educación pública no es gratuita: la pagan los ciudadanos con sus impuestos. Y su calidad hace muchos años y muchos gobiernos que se está deteriorando. Lo que no disculpa los errores que el actual ministro cometa, pero reparte las responsabilidades entre él y sus antecesores de los gobiernos de González y Aznar. Por qué se haya tardado tanto tiempo en protestar puede obedecer a la gota que hace que el vaso rebose o a manipulación oportunista. Juzguen ustedes mismos.

Estas dos malas noticias sobre las clases medias y la educación son una mala noticia para la democracia. Y esto es lo más grave, lo más preocupante. Porque la democracia es resultado del bienestar, no su causa. Sólo han alcanzado una larga estabilidad democrática las naciones que han disfrutado de un igualmente estable bienestar. Y porque la extensión de una educación de calidad a todas las capas sociales, sin exclusión por razones económicas, es un requisito democrático indispensable. Una sociedad educativamente fracasada, clasista, fracturada por abismos sociales e injusticias estructurales, que se tense entre los extremos de la riqueza y la pobreza o de la sabiduría de pocos y la ignorancia de muchos, está condenada a una crisis democrática.

Por eso son tan preocupantes los datos del fracaso educativo, el debilitamiento de las clases medias y el aumento de la pobreza, a los que se ha sumado el del crecimiento de los millonarios. De no remediarse estaríamos en el umbral de la crisis de la democracia.

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