La crónica económica

Rogelio / Velasco

La crisis financiera se prolonga

LA noticia conocida el lunes de las pérdidas del banco suizo UBS por valor de 10.000 millones de dólares, sorprendió al mercado por su cuantía, porque se sumaban a las pérdidas anunciadas hace sólo dos meses por otros 4.000 millones.

La crisis generada por el impago de las hipotecas de mayor riesgo concedidas en Estados Unidos parece que ha venido para instalarse, y el problema es que no sabemos por cuánto tiempo. El mercado tiene fundadas sospechas de que otros bancos están contaminados, pero no ha transcurrido tiempo suficiente para que desvelen la información.

Mientras las entidades financieras que han comprado títulos respaldados por hipotecas de alto riesgo no necesiten liquidez, no venderán los títulos a un valor inferior al que los compraron y no tendrán que reconocer en sus balances las pérdidas de capital en que vayan a incurrir.

Algunas entidades, sin embargo, están buscando fórmulas para desprenderse de esos títulos sin dañar sus balances, al menos de momento. Los rumores apuntan a que Citibank ha estado vendiendo parte de las participaciones que posee en fondos que han invertido en hipotecas de alto riesgo, de una forma silenciosa para no levantar sospechas de mayores pérdidas.

En la medida en que esta información se confirme, no sólo debería mover a las autoridades supervisoras a una mayor preocupación, sino que una de las soluciones barajadas en Estados Unidos para intentar atajar la crisis financiera, quedaría muy debilitada. Porque Citibank ha propuesto junto a Bank of America y J.P. Morgan (los tres mayores bancos del país) constituir un superfondo que tuviera como objeto hacer de comprador en última instancia de los títulos bajo sospecha, suministrando liquidez al mercado. Esta propuesta tiene el respaldo de la Reserva Federal.

La crisis de liquidez que estamos viviendo, recuerda a la producida en Japón a principios de la pasada década, cuando muchos préstamos concedidos por el sistema financiero pasaron a no valer nada en el momento en el que la astronómica sobrevaloración de los inmuebles cayó en picado. Entonces, la tímida reacción inicial de las autoridades monetarias desencadenó una crisis de liquidez que puso de manifiesto la profundidad de la crisis.

Las intervenciones posteriores del Banco de Japón no sirvieron para calmar al mercado. A partir de ese momento, y durante varios años, la desconfianza y la inseguridad se apoderaron de todos los agentes.

La Reserva Federal de Estados Unidos conoce muy bien estos antecedentes. Su reacción inicial ha sido la correcta: contener, primero, y rebajar, más tarde, los tipos; inyectar tanta liquidez como sea demanda por las entidades financieras; realizar un llamamiento a la calma.

Pero si las pérdidas de capital anunciadas son sólo una pequeña parte de la que se ponga de manifiesto en éste y el próximo trimestre, ni siquiera la mejor gestión de la crisis podrá evitar una contracción significativa de la actividad económica en las dos orillas del Atlántico.

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