La tribuna económica

Joaquín / Aurioles

La crisis tras las vacaciones

DE los informes que elaboran las agencias y organismos internacionales se desprende que el final de las vacaciones puede relajar el estrés sobre la crisis, pero que la mejor noticia del año se producirá con su despedida. Las perspectivas son mucho más favorables para 2010, cuando se espera que cuaje la recuperación del comercio internacional, el retorno a tasas positivas de crecimiento en Estados Unidos y Japón y, sobre todo, la confianza empresarial, que es el ingrediente imprescindible para la inversión y el empleo. Según la OCDE, el indicador de confianza empresarial norteamericano inició su caída en picado en agosto de 2008 y mantuvo su deterioro hasta el mes de diciembre. En Alemania hubo un amago similar y simultáneo, aunque se trató de una falsa alarma, puesto que la caída se mantuvo, como en el resto de la zona euro, hasta el mes de marzo. Desde entonces las expectativas se han mantenido claramente negativas, pero sin que haya dejado de aumentar en ningún momento el número de empresarios que considera que lo peor de la crisis ya ha pasado. En España las expectativas son algo peores, aunque según el Índice de Confianza Empresarial que elaboran las Cámaras de Comercio, el dato del mes de julio ya refleja una sensible contención del pesimismo, que se proyecta sobre las previsiones de negocio para el próximo trimestre.

También se desprende del informe de la OCDE que algunos problemas amenazan con instalarse en nuestras economías durante algún tiempo, e incluso empeorar a lo largo de 2010, y que las expectativas son más desfavorables para las economías desarrolladas que para las emergentes, especialmente si se confirma el retorno a la normalidad en las relaciones financieras internacionales. Para éstas, las tasas de crecimiento para el próximo año se estiman entre el 6 y el 7% y, en el caso de China, todavía algo más elevadas. El problema para la mayoría de ellas es que el crecimiento potencial estimado es todavía mayor, lo que significa que probablemente se van a tener que enfrentar a un aumento del desempleo. En el caso de Europa las principales amenazas están también en el aumento del desempleo, en las consecuencias del déficit fiscal y en el desequilibrio por cuenta corriente, y en los tres casos España figura destacada.

El deterioro del mercado de trabajo se percibe, no solamente en la evolución esperada de la tasa de desempleo, sino en el paro de larga duración y en el aumento del paro estructural. En lo que se refiere al déficit fiscal, España ha pasado, en tan sólo algo más de un año, de la cabeza a la cola del pelotón europeo, dónde actualmente se encuentra junto a Gran Bretaña e Irlanda. España tiene, en definitiva, unos cuanto ajustes pendientes de realizar que, a la postre, exigirán enfoques estructurales. Pensemos, por ejemplo, en el mercado inmobiliario, en el que somos el país obligado a un ajuste más intenso en términos absolutos y los segundos, después de Irlanda, en términos relativos. La diferencia entre ambos es que, según también la OCDE, los irlandeses habrán corregido parcialmente su problema en 2010, mientras que en España se espera que todavía sea mayor.

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