la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Nuestras cuatro crisis

EMPECEMOS por lo más importante: las medidas sobre el sistema financiero que ha tomado el Gobierno no van a mejorar la situación de nuestro problema principal que es el paro. Estas medidas sirven para obligar a las entidades financieras a valorar a precios más bajos sus activos inmobiliarios, con las consecuencias contables de reducir beneficios o reservas y, por tanto, la necesidad de obtener más capital, sea público o privado, esto último más difícil. Hay entidades, pocas, (entre ellas los grandes bancos, La Caixa, Unicaja), que pueden asumir esa bajada en las valoraciones de inmuebles y suelo, pero otras se verán abocadas a las fusiones que desea el gobierno.

En cualquier caso, estas medidas no son sino una continuación de las todavía más profundas que en los últimos tres años tomó el Gobierno anterior, sin que sirvieran para reactivar el crédito ni el empleo, pues sus efectos son restrictivos para el crecimiento de la economía española, precisamente en los momentos en que más necesita estímulo y expansión. El argumento de sanear ahora para estar más fuertes y crecer luego, es totalmente erróneo dado el estado actual de nuestra economía, en la que coinciden cuatro crisis simultáneas. La crisis financiera es la más peligrosa pero también la más sencilla de tratar, porque se cuenta con el brazo poderoso de los bancos centrales e implica a un número muy reducido de entidades financieras, fácilmente controlables, a las que se puede obligar a fusionarse y reducir capacidad (oficinas y trabajadores). Ahora debería bajar el precio de los inmuebles, ya que se ha reducido su precio contable y se hace atractivo promover sobre suelo adjudicado, así como vender carteras de préstamos hipotecarios. Sobre todo en las fusiones, los nuevos gestores tenderán a desprenderse de activos que ya están valorados a precios muy bajos, sin preocuparles a cuánto salen al mercado. De esta forma, las medidas financieras afectan a la segunda de nuestras crisis que es la de producción, con el auge y caída del sector inmobiliario; pero aunque pueden ayudar a que la oferta y la demanda de vivienda se encuentren en un precio adecuado, no van a solucionar nuestra tercera crisis, la de empleo, con un crecimiento enorme de la población activa vinculado a la construcción, y luego una destrucción brutal de empleo.

Existe una demanda de crédito para circulante por empresas solventes, pero no para consumo e inversión. Precisamente la cuarta de nuestras crisis, como de manera casi irritante he venido argumentando una y otra vez en estos años, es una crisis de endeudamiento privado, una crisis de balance, pues el sector privado ha invertido en activos (bonos, acciones, y sobre todo inmobiliario) que se han depreciado, pero la deuda sigue estando ahí, y sólo cabe ahorrar -como está sucediendo- para pagar, reduciéndose la demanda de consumo. Este tipo de crisis, en pura lógica, requeriría una fuerte expansión por parte del sector público, en este caso de la Unión Europea, y una mayor lentitud en la depreciación de los activos en el sistema financiero, que es todo lo contrario de lo que se hace, aunque pueda estar justificado por otras razones.

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