las dos orillas

José Joaquín León

La cruz de los famosos

VIVIMOS en un país donde ser famoso es un arma de doble filo. Parece que la fama encumbra, unas veces con motivos justificados y otras a fuerza de intereses injustificables. Sin embargo, también se puede volver del revés. Cuando hay situaciones morbosas, en las que el famoso está en dificultades, funciona como agravante. Al menos, no son tratados con el mismo rasero que los ciudadanos desconocidos. Entonces las salsas rosas les salpican, o se las echan a la cara. Un caso de éstos ha sido el de María José Campanario y otro el de Ortega Cano.

María José Campanario fue condenada, junto a su madre, a un año y 11 meses de prisión "por cooperación en un delito de falsedad en documento público y otro de estafa en grado de tentativa". El caso es sobradamente conocido. La Universidad Europea de Madrid, donde cursaba estudios de Odontología, decidió expulsarla ("no renovarle la matrícula", según su eufemismo). Alegaron que, entre sus motivos para no admitir alumnos, figura "estar inculpado en un procedimiento penal por un delito doloso". En teoría, el caso se ajustaría a la reglamentación interna disciplinaria del centro universitario, pero estaría por ver si hubiera sido expulsada en el caso de llamarse Jessica Pérez y ser una desconocida.

Desde un punto de vista objetivo, es un caso que admite muchos matices. Si para ser universitario hay que estar limpio y puro de condenas, algunos titulados jamás lo hubieran sido. Por no hablar de otros, como el famoso caso de El Lute, que pasó de quinqui a intelectual gracias a los estudios que realizó en la cárcel, donde se redimió e ilustró. ¿Hubiera sido titulado universitario Eleuterio Sánchez con los criterios de la Universidad Europea de Madrid? Si la señora Campanario hubiera ido a la cárcel, ¿hubiera podido titularse como odontóloga en la prisión?

El caso de Ortega Cano es otro ejemplo de discriminación negativa por la fama. Aparte de su responsabilidad, el trato que recibe está agravado por ser conocido. Dos días antes del accidente causado por José Ortega Cano, en la madrugada del 26 de mayo, murieron en la autopista AP-4, en el término de Dos Hermanas (Sevilla), los ganaderos Luis Núñez Moreno de Guerra y su hijo, Luis Núñez Núñez. Fue a consecuencia de un accidente múltiple, originado por un conductor que entró en la autopista en sentido contrario. Primero se dijo que era un suicida y después que se había equivocado, algo de dudosa credibilidad para quien conozca el sitio. Poco más se ha sabido sobre este accidente , ocurrido sólo dos días antes del de Ortega Cano y con más muertos. Si hubiera sido al revés, y los ganaderos en vez de ser las víctimas mortales hubieran sido los causantes del siniestro, ¿habría silencio o saña?

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