PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

A la cuarta pregunta

EL alcalde récord no se apea de la carrera electoral. Si el PSOE quiere prejubilarlo a un retiro dorado, tendrá que retratarse. Monteseirín no le preguntó a los asesores de Obama por los beneficios de la limitación de mandatos. El nuevo héroe americano sólo aspira a cambiar las cosas en ocho años, a don Alfredo no le da tiempo salvo que disponga de dieciséis. Supongo que para la primavera de 2011, cuando la propaganda en busca del voto circule más por Twitter, Facebook y You Tube que pegando carteles en las tapias, ya será posible montar un mitin en la Plaza de la Encarnación, con las setas iluminadas como icono de una época de Sevilla.

Antes de que se desencadene la batalla definitiva por la confección de la lista, presumimos que el alcalde ya habrá inaugurado la primera línea del Metro y lanzado un bando digital desde la televisión municipal que quieren vestir de estreno apoyándose en la retransmisión de la Semana Santa y la Feria. Pero las bazas que tirios y troyanos suelen barajar en clave local para dilucidar qué tiene más riesgo, si mantener la apuesta por Monteseirín o forzar un relevo que indica cuando menos insatisfacción por el presente, van a quedar laminadas por el tsunami de la crisis. Al ritmo que nos estamos metiendo en un socavón económico tremendo, con un porcentaje de parados de larga duración sin igual en Europa Occidental, cada llamada a las urnas va a ser un referéndum sobre cómo Zapatero está gestionando la pesadilla nacional. El pasado lunes, convirtiendo por un rato Antares en Davos, un directivo del banco suizo UBS indicó que en sus previsiones se da por hecho que en España seguirá la recesión y la destrucción de empleo como mínimo hasta los albores de 2011. Y por mucho que se quiera hablar por entonces en una campaña sobre circunvalaciones, carriles bici o el propio Metro, lo que ahora absorbe la mente de toda la ciudadanía es el miedo a quedarse sin trabajo, a no recuperarlo y a que te embarguen hasta la orla de graduación.

En la calle no se debate sobre el posible cuarto mandato de Monteseirín, sino de qué vivirán las familias que se están quedando a la cuarta pregunta.

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