Crónica personal

Pilar Cernuda

No cuela

NO cuela. No cuelan las explicaciones de la vicepresidenta De la Vega y del ministro Moratinos restando importancia al papelón de Zapatero en la cumbre de la OTAN, explicando los dos que mantuvo los encuentros que se consideran normales. No cuela, se pongan como se pongan, porque cualquier periodista que haya cubierto la información de las reuniones internacionales sabe qué es un encuentro formal, qué es un encuentro informal, qué es una charleta, qué es un saludo protocolario, y qué es que nadie te haga ni caso, que es exactamente lo que le ha ocurrido al presidente español en la capital rumana. Y la cosa tiene más inri porque tras la felicitación de Bush a Zapatero tras el triunfo electoral -¿será cierto que le llamó por teléfono?- se anunció a medio bombo y platillo que habría un encuentro entre los dos presientes. Nada. El "hola, hola, felicidades" fue humillante. Bush pasó olímpicamente del presidente español como en ocasiones anteriores, pero esta vez la cosa ha sido peor, porque además de Bush pasaron también de Zapatero el resto de jefes de gobierno de los países atlánticos. Incluso Javier Solana prefirió sumarse a los diferentes corrillos de los dignatarios, mientras Zapatero, sentado, hacía como que leía interesantes documentos en una soledad supina, máxima.

Que no nos vengan con que se siente inseguro porque no domina el inglés, porque tampoco lo hablaban Suárez ni Felipe González ni Aznar, y sin embargo se las arreglaban para hacerse ver, escuchar, oír y notar, y todos y cada uno de ellos eran tratados con respeto por sus colegas europeos. Tampoco Sarkozy habla inglés, y sin embargo los presidentes se dirigen a él, le hablan y se entienden con y sin traductor, a veces con la ayuda de algún otro presidente que conoce bien el francés. Pero Zapatero es que ni siquiera lo intenta y a veces incluso hace ostentación de dejar el micro de la traducción simultánea encima de la mesa durante las reuniones plenarias, signo evidente de que le importa un bledo lo que se está hablando.

Hay que repetir una vez más que Moratinos se lleva injustamente las críticas: el responsable de nuestro mínimo papel en el escenario internacional no es el ministro de Asuntos Exteriores, sino el presidente de Gobierno. Hace alarde de que las cuestiones internacionales no le importan absolutamente nada, no ha hecho en cuatro años el menor esfuerzo por participar en los debates europeos o de la OTAN, ni siquiera intercambia unas frases corteses con sus vecinos cuando los dignatarios se hacen la "foto de familia" e incluso se sienta y hace como que lee mientras los demás establecen contactos informales, lo que podría rayar en la mala educación, como sucedió cuando canceló en el último minuto un viaje oficial a Polonia porque se encontraba cansado después de una maratoniana sesión parlamentaria.

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