Plaza nueva

Luis Carlos Peris

La cuesta más empinada

MAL que bien, vamos superando la cuesta, estamos en el tramo final, la cima se encuentra a tiro de piedra y, mire por donde, llegamos en buen estado de conservación; tiesos, pero en buen estado de conservación. La economía está en tenguerengue para que pierdan los mismos, siempre los mismos, con la cesta de la compra por las nubes y con las rebajas para un equilibrio ficticio con el fin de que ganen los mismos de siempre, ésos que no pierden nunca, que sólo dejan de ganar, sólo eso. Dicen que los del ladrillo están preocupados porque el boom ya no es tan escandaloso y la Bolsa se tambaleó a mediados de semana para preocupación, sobre todo, de especuladores, demás parientes y afectos, que esa Bolsa de tiesos que fueron Afinsa o Fórum Filatélico se derrumbó con estrépito, sin aviso y sin posible vuelta atrás.

Es una de las diferencias entre tiesos y ricos, que cuando los primeros reciben una voltereta de ese tenor es para dejarlos en silla de ruedas para los restos, mientras que los segundos ven cómo siempre tienen una posibilidad, o muchas, de recuperación. Y eso sin hablar de mangones de alto copete, que ésos no sólo se recuperan y se levantan sin mirarse, sino que cobran nuevos bríos para sus desmanes y para ser cada día más ricos, aunque lo sea a costa del prójimo para que éste observe un camino inverso y ser cada día más pobre. Esta recesión económica está siendo martirio de mileuristas y pensionistas que cada mes irán comprobando cómo el sobre da para menos. Y todo en plena cuesta, en esta especie de Tourmalet que cada enero se levanta en el horizonte de los menos pudientes y que cada enero ve cómo la cima es alcanzada, habitualmente alcanzada, pero sin pararse a desentrañar en qué condiciones se logró.

Amanece el último lunes de la cuesta y habrá legiones de ciudadanos que no terminarán de explicarse cómo consiguieron llegar a esta cota. Existe un concepto de vida en el fútbol que es un mundo sólo para listos. Y en ese concepto cabe una barbaridad de distintas concepciones de la listeza con especial predicamento para pícaros especialistas en quitarles la cartera al contrario sea por el medio que sea. El fin justifica los medios como maquiavélica forma de actuación, pero es que en la vida normal también hace furor ese concepto por encima de cuestiones trasnochadamente éticas o éticamente trasnochadas, qué más da. Parece que hemos podido con una cuesta más y ya van cuestecitas, pero la de este año la contemplamos con un paisaje más desagradable, menos proclive al optimismo. Un paisaje acorde con ese paisanaje abrumado por una crisis que siempre pagan los mismos, un paisaje en consonancia con un paisanaje más jodido que casi nunca. Jó con la cuesta.

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