crónica personal

Pilar Cernuda

La cuesta de junio

LA cuesta de junio está siendo penosa para infinidad de españoles. La crisis aprieta lo que no está en los escritos y encima los críos dejan de ir al colegio y aspiran a unas vacaciones lejos de casa que para la mayoría de padres son inalcanzables, bastante preocupación tienen con llegar a fin de mes sin que falte un plato caliente en la mesa. En lo político, la cuesta de junio está siendo penosa para los socialistas, responsables máximos de que los chavales y no chavales se queden sin vacaciones, de que no exista una sola familia que no conozca de primera mano la tragedia del paro y de que los jóvenes españoles, todos, sientan angustia al pensar que no van a encontrar trabajo aunque cuenten con una excelente titulación universitaria, hayan optado por la formación profesional o empiecen ahora una carrera que supuestamente les garantizaba que podrían mantener una familia el día que decidieran formarla.

La cuesta de junio está siendo dramática para los socialistas en general, y Rubalcaba en particular, porque las consecuencias del 22-M están poniendo el foco en el aspecto más negativo de los perdedores, de los malos perdedores. La destrucción de documentos, las fotos de las furgonetas sacando material de despachos ocupados durante años por altos cargos socialistas y la desfachatez de aprovechar los días "en funciones" para repartir dinero entre los amigos, como se está viendo en varios ayuntamientos y diputaciones, provocan un rechazo infinito hacia unas siglas que sin ninguna duda llevan con orgullo millones de socialistas honrados, pero que en este momento están colocando bajo las patas de los caballos una serie de cargos electos cuya actitud llena de vergüenza con toda seguridad a muchos de sus compañeros de partido. Aunque en honor a la verdad habría que decir que muchos de los que se avergüenzan deberían dar a un paso adelante para expresar su repulsa pública hacia comportamientos innobles, en vez de atacar a los periodistas que denuncian esas actitudes innobles o a los partidos que denuncian también que cuando accedan a gobiernos y alcaldías van a encontrar la caja vacía porque su contenido se ha repartido en estos días previos a dejar el mandato, o tendrán dificultades para realizar las anunciadas auditorías porque se han destruido cantidad de documentos que deberían ser utilizados por los auditores.

En ese escenario Rubalcaba pretende ganar terreno, reducir las diferencia de votos que le separa del PP, insistir en la imagen de eficacia y seriedad de la gente de su partido, y empezar a tomar decisiones de Estado, decisiones que coloquen a España y a los españoles en el lugar que les corresponde, después de siete años de zapaterismo en los que se ha sufrido lo indecible por la inoperancia de un gobierno que no se ha tomado el país en serio.

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