Crónica personal

Pilar Cernuda

La culpa es del petróleo

LA culpa es del petróleo, la subida es espectacular y arrastra todo lo que toca, que efectivamente es todo. El precio desorbitado afecta al transporte, el encarecimiento del transporte a los precios, la disminución del consumo al sector servicios y subisidiarios... y la situación se deteriora de forma alarmante a todos los niveles. Cierran negocios, se incrementa el paro, no se pueden pagar las hipotecas, se cancelan operaciones de compra de viviendas, se viene abajo el sector inmobiliario y fábricas de muebles y electrodomésticos, carpinteros, fontaneros y electricistas empiezan a ver el futuro negro.

La culpa es del petróleo, pero también de la mala previsión. Se sabía desde años atrás que se disparaba el precio del crudo y sin embargo nos hemos tomado la subida a título de inventario, sin tomar las medidas oportunas mientras a nuestro alrededor los gobernantes europeos se ataban los machos para suavizar el golpe.

Desde el Gobierno de Zapatero se apadrinaron operaciones que colocaban parte importante del sector energético en manos extranjeras, se hizo demagogia apostando casi en exclusividad por las energías renovables como si fueran suficientes para abastecer las exigencias españolas, con un sonoro portazo a la mínima posibilidad de estudiar otras opciones, entre ellas la nuclear; el propio comisario Almunia, sin embargo, expresaba su convicción de que era un asunto que se debía abordar seriamente y sin argumentos supuestamente progresistas y trasnochados. Hoy, dependemos energéticamente de Francia y Argelia fundamentalmente, en diez años dependeremos también de Marruecos,que ha firmado un convenio con Francia para construir nucleares, y ante las cifras de incremento del paro lo único que han hecho Zapatero y Solbes ha sido anunciar distintos subsidios, a pesar que voces solventes de todas las ideologías les advertían que el superávit no era un saco sin fondo y por tanto había que tener cuidado con las promesas electorales que podían llevar a la economía a una situación insostenible.

La culpa es del petróleo, pero la culpa de la crisis que vivimos ahora es de quienes echaban la culpa de todo al petróleo y se negaban a hacer un análisis correcto de la situación. La culpa es del petróleo y de los que creían saber más que los que de verdad saben, y no aceptaron indicaciones, sugerencias y consejos que sirvieran para suavizar el golpe. La culpa es del petróleo, pero también del triunfalismo desaforado de Zapatero, de su incapacidad para ver lo que era obvio y de su soberbia, que le impedía escuchar a quienes de verdad podían prever las consecuencias -nefastas- de mirar hacia otro lado en lugar de coger el toro por los cuernos.

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