la tribuna

Antonio Montero Alcaide

Otro curso, otra reforma

BIEN está, es un decir, que los artículos y noticias de un periódico resulten volanderos y hasta que sus páginas sirvan de nuevo para envolver el pescado por mor de la crisis, pero cuestión distinta es que el desarrollo de una ley orgánica quede en suspenso escasos meses antes de su entrada en vigor. Asimismo, tampoco es el caso de hacer de "yoya" -apodo, este de "el yoya", de un paisano que suele repetir "yo ya lo decía"-. Aunque, por estas fechas del año pasado, me animaba a escribir, en esta misma tribuna Nuevo curso, nuevos cambios, donde se aludía a las elecciones generales cercanas que podían modificar no sólo el calendario de aplicación de los cambios, sino la naturaleza de los mismos, tal como ha ocurrido.

La estabilidad del sistema educativo, sostenida en el consenso, continúa siendo una asignatura pendiente, una falla casi estructural de tal sistema cuyos efectos tienen bastante más alcance que el de la formalidad de un cambio legal. Y es que hasta este último resulta complejo y casi inmanejable no ya para los "operadores jurídicos", sino para quienes, como docentes y directivos, asumen la docencia y la organización y el funcionamiento de los centros.

Baste esta muestra: en marzo de 2011 se publican dos leyes orgánicas (2/2011, de Economía Sostenible, y 4/2011 complementaria de la anterior) que incorporaban modificaciones de la Ley Orgánica de Educación (2006), por la que se ordena el sistema educativo. En julio de ese mismo año, un real decreto (1146/2011) modifica las enseñanzas de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y establece un calendario de aplicación con medidas que entrarían en vigor el curso actual. Y el pasado mes de junio, poco antes de las vacaciones escolares, otro real decreto (881/2012), tras el cambio de gobierno, difiere la implantación, más bien la anula, con esas buenas intenciones que conforman la retórica de los preámbulos normativos: "De acuerdo al programa de gobierno enunciado en el reciente Debate de Investidura, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se propone acometer una revisión de toda la Educación Secundaria, a partir de un proceso de reflexión y debate profundos en los que deberán participar activamente todos los sectores de la comunidad educativa escolar y las administraciones educativas. Cualquier eventual reforma de esta etapa educativa debería basarse en las conclusiones compartidas que se extraigan de este debate, como única forma de dotar al sistema educativo español de la necesaria estabilidad normativa que precisa para ofrecer resultados a la sociedad". ¡Ay de la estabilidad, tan invocada como preterida!

Finalmente, el pasado julio, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte hizo públicas unas propuestas concretadas y revisadas en el actual anteproyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (adelantemos LOMCE); con la que se suman ya, desde 1985, seis leyes orgánicas referidas a la educación básica -casi una cada cuatro años- por no mencionar otras leyes educativas concomitantes.

Y cabe apuntar medidas concretas como la anticipación de itinerarios u opciones en la ESO; la posibilidad de un título básico de formación profesional para determinados alumnos en la educación obligatoria; el incremento de la opción por los estudios de Formación Profesional, facilitando las posibilidades de acceso a la misma y la formación dual centro-empresa; la concentración de los esfuerzos y los tiempos en las materiales instrumentales (matemáticas, lengua, ciencias, idiomas); las evaluaciones externas, con distintos efectos, al finalizar cada una de las etapas; o la especialización de los centros en determinados contenidos o actividades. Además de los efectos consiguientes en la "arquitectura" del sistema educativo que, finalmente, mantiene un Bachillerato de dos años, con un cuarto curso de la ESO que será de iniciación para las enseñanzas académicas del Bachillerato o aplicadas de la Formación Profesional.

Puesto que la entrada en vigor de la ley se presume para el curso 2013-2014, con un calendario de aplicación de varios años, cabe urgir un consenso básico, aunque poco previsible, para que la estabilidad deje de ser retórica y se haga efectiva. Casi una voz que clama en el desierto.

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