Un debate sin condiciones

FINALMENTE habrá un debate televisivo entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano, cabezas de lista del PP y el PSOE, respectivamente, en las elecciones al Parlamento Europeo convocadas para el próximo día 25. Será esta noche, en el plató de TVE, moderado por el periodista Manuel Campo Vidal, y podrá ser retransmitido en directo por las cadenas que lo deseen. Es importante que las dos formaciones políticas mayoritarias puedan contrastar sus ideas y propuestas ante el gran público, aunque también las demás candidaturas habrán de tener la oportunidad de ofrecer sus programas y debatirlos. Al propio tiempo, los difíciles preparativos que han precedido a la celebración del debate cuestionan, como en ocasiones anteriores, la calidad de nuestro sistema democrático y, sobre todo, los hábitos de los partidos contendientes. No es normal, aunque sí cotidiano en España, que cada gran debate preelectoral se vea en peligro por las dificultades que los partidos ponen a su celebración y las tensas negociaciones que se repiten para hacerlo posible. Esta vez ha sido el contenido de los bloques a discusión el que ha estado a punto de impedir el debate mismo, como en otras ha sido la polémica por el escenario, su color, la duración de cada tema o la ubicación de los participantes, todos ellos síntomas de un exagerado partidismo y un cálculo sectario sobre los intereses de los candidatos en liza. El debate de esta noche quedó al fin desatascado al aceptar el PSOE añadir a los cuatro bloques temáticos tradicionales un quinto, el de las políticas sectoriales en la Unión Europea, que el PP exigía como irrenunciable por creer que beneficiaba a su candidato. En realidad, con una cultura democrática ya asentada, un auténtico debate entre candidatos debería estar libre de los corsés de temas y tiempos a los que el nuestro está sometido, permitir la discusión abierta de los asuntos que se ventilan en las elecciones europeas y no convertir al moderador en una figura decorativa, que da la palabra sucesivamente a uno y otro, sin pasarse un segundo del tiempo cronometrado. Sería un debate más vivo, interesante y didáctico para que los telespectadores conocieran directamente lo que defienden y cómo lo defienden los candidatos. Es algo que tendría que estar asumido de antemano por los candidatos y sus partidos políticos y no negociarlo en cada ocasión. Una rutina de la democracia, en fin, sin vaivenes ni amenazas de ruptura por cuestiones menores. A pesar de todo, esperamos que el enfrentamiento Valenciano-Arias sea útil para una ciudadanía que necesita ser incentivada para participar en unas elecciones sobre las que planea la sombra de la desafección y el riesgo de la abstención.

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