LAS EMPINADAS CUESTAS

Amparo Rubiales

¿Un debate nominalista?

Alos variados ataques de los que están siendo objeto las CCAA las respuestas son diversas; algunas quieren probar que el modelo autonómico ha sido el instrumento que ha hecho posible el Estado social del art.1 de la Constitución. Se ha facilitado una mejor y más cercana sanidad y educación, servicios esenciales, y las hemos conseguido iguales para todos; quienes atacan a las autonomías, al rebufo de la crisis, son los mismos que no quieren servicios sociales universales ni gratuitos.

Hay que defender la España de las autonomías para salir de la crisis, no al revés, propiciando cuantas reformas sean necesarias, no populistas, y hacerlo con el mayor consenso posible, con el objetivo de avanzar hacia una España federal en una Europa también federal.

En nuestro país, la organización territorial del Estado ha sido un problema histórico al que se ha intentado dar solución constitucional en tres ocasiones: en la I República de 1873, que apenas duró nueve meses, en la Constitución de la II de 1931, de escasa y turbulenta vigencia, y la del 78, que nos ha permitido el periodo de democracia más duradero y fecundo de nuestra historia. Es verdad que el título VIII de la Constitución tiene muchos vacíos, que fueron llenándose con el transcurso de los años; Andalucía, con el referéndum del 28 de febrero, fue decisiva con lo que pasó a denominarse Estado autonómico; rompimos muchos deseos, porque la voluntad del pueblo andaluz fue rotunda; fuimos avanzando con el acuerdo de muchos, llegando a construir un Estado cuasi federal, y aunque hay, ciertamente, muchas clases de federalismos, al nuestro le faltan dos cosas esenciales: el Senado, que la propia Constitución define como Cámara de representación territorial, pero que nunca ha podido serlo por la composición que ella misma establece, de aquí que haya que cambiarla, para que se transforme en el lugar de encuentro y debate entre los territorios autónomos, como ocurre, por ejemplo, en Alemania, y la reforma financiera, para que se acuerde el sistema de reparto de los ingresos coordinadamente entre Estado y CCAA; además permite reconocer las diversidades de éstas; las mujeres hemos tenido que pelear siglos para conseguir que siendo diversas a los hombres fuéramos iguales en derechos; se trata sólo de completar, con el consenso constitucional inicial, una organización territorial del Estado que permita avanzar; los Estados más desarrollados son federalistas; no se trata de un debate nominalista, sino necesario para avanzar en la salida de la crisis. Si no lo hicimos antes fue porque en política, en la vida, las cosas se hacen cuando son necesarias; ahora toca.

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