Opinión

No dejes que los millones de árboles no te dejen ver el monte

EN estos días de campaña me he acordado de mi amigo Juan. No es una persona de marcadas tendencias políticas, al contrario, es un hombre de su casa y, como tal, anda sobrado de sentido común y de amor por lo suyo. Creo que si se presentase una encina como diputada la votaría.

Pensando en Juan, y en el monte que tanto ama, he revisado las propuestas de los principales partidos que concurren a las elecciones. Lo primero que me he encontrado es que para todos es una cuestión "de segundo orden". Esto es, viene en sus programas pero no escucho estas propuestas en los mítines o en los debates televisados. Lo segundo es que todos entran en una guerra de cifras con las que pretenden marearnos y que deja en evidencia la tremenda desconexión que hay entre la sociedad española y sus montes.

El debate estéril surgido tras la propuesta del Partido Popular de plantar unos 500 millones de árboles demuestra el absoluto desconocimiento de la importancia de este elemento. Nadie reclama políticas serias que hablen de la gestión eficaz de los montes que tenemos, de garantizar el modo de vida de las personas que viven en él y lo cuidan, todos nos fijamos en si es posible o no plantar 500 millones de árboles en cuatro años. La propuesta del Partido Popular supone una inversión de 3.000 euros por hectárea, la propuesta del PSOE se reduce a 1.468 euros por hectárea. Y el caso es que ninguna es buena, son medidas de mínimos que no afrontan a fondo los verdaderos problemas.

En la península hay unos 3 millones de hectáreas de Dehesa, las cuales constituyen un patrimonio único e irrepetible que se ve amenazado por fenómenos como la seca o por la propia crisis del sector ganadero extensivo. Sin embargo, no he visto ningún compromiso de mejora y conservación de lo que ya tenemos. Es más verde plantar un árbol, o 45 millones para el PSOE o 500 millones para el PP. El fomento de la masa arbórea en nuestro país no puede centrarse en reforestar, el monte ha de ser rentable económica y socialmente. Si no valoramos esto los esfuerzos serán baldíos.

¿Sobre qué superficie se van a asentar todos esos millones de árboles propuestos por uno u otro? ¿Y quién va a costear el mantenimiento de estos árboles? Ni con 1.468 euros por hectárea o 3.000 se pueden cubrir estos costes para la propiedad privada que, aunque a algunos no les guste, han sido y son los guardianes de nuestros mejores paisajes. Las inversiones han de ser en tejido productivo en el entorno forestal, ha de recuperarse y potenciarse la verdadera función del monte. Éste, señores candidatos, no es un montón de hectáreas sobre las que disponer la imagen medioambiental de la campaña electoral, el monte son encinas, jaras, alcornoques, pastos, vacas, ovejas, cochinos y también mi amigo Juan, su mujer María y todos los que viven de él y para él.

Por lo tanto, prepárense muy bien al ir a pedirle el voto a mi amigo Juan, porque éste es una persona orgullosa de su condición de hombre de campo (a pesar de los tiempos que corren), con las ideas muy claras y que les va a pedir explicaciones de todas estas cosas que les he avanzado en estas líneas antes de brindarles su poder como ciudadano.

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