la ciudad y los días

Carlos Colón

La democracia no tiene alternativa

ZAPATERO no está. Gobierna España como la momia de San Fernando pueda gobernar Sevilla desde su urna. El problema es que San Fernando está donde le corresponde a un cadáver bien educado, en su tumba, mientras que Zapatero ha convertido la Moncloa en su mausoleo. El vicepresidente primero y ministro del Interior Rubalcaba está secuestrado por el candidato Alfredo. Porque no es cuestión de que, al tomar necesarias e impopulares medidas, Rubalcaba perjudique a Alfredo. Imagínense el desconcierto de los pacientes del Dr. Jeckyll si les atendiera Mr. Hyde. La situación de España va camino de ser mediterránea en el peor sentido de la palabra: entre Grecia y las primaveras democráticas árabes. Ni somos todavía Grecia ni padecemos regímenes dictatoriales que exijan acampar en las plazas y asaltar parlamentos. Pero de seguir la momia en la Moncloa y no reconciliarse Rubalcaba con Alfredo, podemos acabar descolgándonos de la Europa desarrollada.

Como ejemplo basta una ristra de botones. Un día después de que Gallardón y su familia fueran agredidos en la puerta de su casa, y el mismo día en el que los diputados catalanes tuvieron que ser llevados en helicóptero y furgones, una periodista le preguntó a Zapatero si le preocupaba la deriva del movimiento 15-M. "¡No!", dijo el presidente con un tono entre desafiante e irritado. Pocos minutos antes el ministro del Interior había pasado ante los periodistas sin responder a sus preguntas sobre los sucesos de Barcelona. El rectificador de guardia que va tapando como puede las vías de credibilidad que Zapatero abre en el Gobierno tuvo que aclarar después que el presidente condena "cualquier manifestación violenta que impida el ejercicio de derechos, venga de donde venga".

Ese mismo día Tomás Gómez se estrenaba en la Asamblea de Madrid proponiendo la creación de una comisión parlamentaria que establezca un diálogo con el 15-M. En el caso de que no se apruebe, anunció, lo hará el PSOE. Muy bien. Pero que en vez de enviar a esos socialistas que se ríen como el perro Pulgoso al ver los ataques de los indignados (o los violentos que se suman a ellos: difícil es separar a grupos unidos en un movimiento que se dice horizontal) contra Gallardón o boicoteando las tomas de posesión de los ayuntamientos o comunidades autónomas que ha ganado el PP, que envíen a socialistas sensatos, como Ramón Jáuregui: "Admito las protestas de los 2.000, pero quiero recordarles que ha habido 3.200.000 catalanes que han votado a esos representantes agredidos… La democracia no tiene alternativa. Se puede perfeccionar, pero no se puede sustituir".

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