La esquina

josé / aguilar

El desapego de la política: ése es el problema

EL barómetro de opinión del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) goza de predicamento por la solvencia de sus profesionales y por la amplitud de la muestra sobre la que trabaja: más de 3.500 andaluces son encuestados, un tamaño bastante representativo. Eso no le libra de equivocaciones. Como todos los demás sondeos, públicos, privados y mediopensionistas, erró en la antesala de las elecciones andaluzas, al pronosticar el triunfo por mayoría absoluta del Partido Popular. Como todos, no tuvo suficientemente en cuenta el cambio que se estaba produciendo en las intenciones del electorado a causa de los primeros recortes del Gobierno del PP y del exceso de confianza con que los populares afrontaron la campaña.

El barómetro electoral 2012 del IESA, presentado ayer, trajo buenas noticias para el gobierno bipartito de la Junta de Andalucía. El PSOE arrebataría al PP la mayoría relativa -si hubiera elecciones ahora-, no por obtener un mayor respaldo ciudadano, sino porque el PP bajaría diez puntos porcentuales. De los tres partidos parlamentarios, solamente IU vería incrementados sus apoyos. En consecuencia, la coalición PSOE-IU sale reforzada de sus primeros meses de mandato.

De modo que la gestión de Griñán y Valderas se ve refrendada por las urnas (en un momento en que no hay urnas a la vista, ciertamente, lo que relativiza el valor del dato). Sus méritos no son como para tirar cohetes, limitados a mantener la unidad, no cometer tonterías y hacer más ideología en el discurso que en la práctica. Pero los deméritos del adversario son muchos: los ajustes interminables y cada vez más socialmente dañinos que llegan, implacables, del Gobierno de la nación, y la pérdida de liderazgo en Andalucía tras la marcha de Arenas. Rajoy es quien está perjudicando más a un PP andaluz desconcertado y a la defensiva.

De todas maneras, el augurio electoral es en realidad la parte menos sólida y más veleidosa del barómetro. La más notoria, y grave, es la que certifica el desapego de los andaluces hacia la política. No ya a los partidos y a sus líderes, ni siquiera a las instituciones -que suspenden todas, incluida la Corona-, sino también a la democracia misma, con cuyo funcionamiento son más los descontentos que los conformes. Ese es el primer problema político del PSOE, de IU y del PP, consecuencia de que no están sabiendo dar las respuestas correctas a la crisis general, la desesperanza y el miedo.

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