El poliedro

El deseadoterritorio de las cajas

Los periodos turbulentos estimulan la concentración y complican la existencia a los más pequeños

EL domingo pasado se publicaba en estas mismas páginas una entrevista a Enrique García Candelas, director general del Grupo Santander y responsable máximo de su división de Banca Comercial. Lo candente y pertinente de las cuestiones planteadas se correspondieron con respuestas muy claras, además de valientes, que, probablemente, a algunos pudieran parecerles duras y beligerantes. La crisis hipotecaria, los embrionarios problemas de solvencia familiar, la alargada sombra del sector inmobiliario, la creciente diversificación de los servicios bancarios, el cliente inmigrante o la venta de los activos inmobiliarios del primo de Zumosol de la banca española acompañaron a la que quizá fuera la pregunta con más significación para la competitividad de la banca andaluza (o sea, Unicaja, Cajasol, CajaSur, CajaGranada, Caja de Jaén y Cajamar, aparte del Banco de Andalucía, integrado en el Grupo Banco Popular). Dicha pregunta versaba sobre la apuesta del Santander por ampliar su red comercial, hasta llegar a 3.000 oficinas. Si en algo obtiene ventaja nuestra estructura de cajas de ahorros es precisamente en la cercanía física al cliente privado local, en la sucursal a dos pasos al asalariado o el funcionario, en la fidelidad a la oficina de siempre. Y es ahí donde la gran multinacional made in Botín quiere dar la batalla, ampliando sus estructuras territoriales -entre ellas, la andaluza- y poniendo en los barrios el logo blanco sobre rojo (ya suprimida cualquier referencia central o hispana), que seguirá figurando en el alerón de los McLaren, dando soporte de imagen al meteórico proceso de internacionalización que la entidad acometió desde nuestra entrada en la Europa comunitaria.

Es éste un movimiento competitivo de primer orden: el número uno -con un volumen de negocio en Andalucía similar al de CajaSur, la tercera en el ranking de la región- pretende dar la batalla en los territorios de las variopintas cajas, que sin duda esperaban que tal estrategia se desarrollara tarde o temprano. Andalucía es, de hecho, la comunidad donde más oficinas ha abierto el Santander. Siendo eso estimulante y, por qué negarlo, inquietante para un sector bancario regional caro en comisiones y relativamente bajo en dimensión, rentabilidad e innovación, hay otra circunstancia que debe empujar a las cajas a moverse, aunque sea reactivamente. La desaceleración económica ligada a la inflexión del ciclo y a los problemas advertidos en la entrevista mencionada está cinculada a una dinámica de fusiones y absorciones. Las crisis en general, e incluso la mera incertidumbre arraigada en los agentes en particulares y empresas, suelen propiciar procesos de concentración, en el que los que más sufren son los más pequeños. Un ejemplo cercano a la banca es la quizá inexorable reducción del número de pequeñas compañías de asesoramiento financiero tras las turbulencias provocadas en los mercados por la crisis estadounidensede las hipotecas de alto riesgo. Según un estudio de Centre Finance, muchas de ellas acabarán desapareciendo o integrándose en redes de mayor tamaño.

Así mismo lo reconocen los dos grandes grupos bancarios españoles -Santander y BBVA- desde hace un tiempo, y por ello no han cesado de crecer fuera de España en los últimos 15 años. Ahora toca crecer dentro, lo que, en un mercado relativamente estable en tamaño y ante el estado de inquietud sobre el porvenir, supone poner sus voraces ojos en los dominios tradicionales de las cajas. Las respuestas de éstas pasan por ganar en eficiencia, reducir la autocomplacencia y las contiendas vinculadas a la política, mirarse en las dos cajas que juegan sin complejos a ser bancos -La Caixa y Caja Madrid- y, quizás inevitablemente, ganar músculo y dimensión integrando esfuerzos.

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