Hablemos de educación

Javier Ros Pardo / Javierrospardo@ Hotmail.com

Cuando la desmemoria cae encima

BUENAVISTA, además de pupila, talento y salero. Eso es lo que hace falta -entre otras cosas - para educar a la gente nueva. Bueno, también resulta que ése es el nuevo nombre del colegio Rector Mota Salado, escogido por su Consejo Escolar tras una consulta pública. ¿Los motivos del cambio? Pues, de entrada, porque así se llamaba el paraje donde se ubica el monumental Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, que es colindante con el centro. Pero hay mucho más: ya no vale decir "ni sé ni quiero saber". Hay veces que la amnesia histórica cae sobre tu cabeza y hay que revisar los hechos le pese a quien le pese…

Los historiadores de la Pedagogía española, el profesorado más vanguardista, y los que la vivieron y nos lo pudieron contar, como don José Llavador, coinciden: la reforma educativa realizada por la Institución Libre de Enseñanza a través del gobierno de la República (1931-36), fue la mejor de nuestra historia. Aquéllos maestros -prescindiendo de su filiación política o religiosa, que era muy variada-, fueron la mejor y la más preparada promoción de profesores que parió la historia de España. Ellos escribieron las mejores páginas de nuestra renovación pedagógica, y fueron el modelo que quisimos reproducir; el faro que, pese a su lejanía en el tiempo, nos sirvió de luz, guía y consejo a los que nos incorporamos a las aulas tras el franquismo. Acabada la contienda, todos fueron despojados de su cargo, 61.000 profesores españoles de todos los niveles sufrieron persecución, exilio y muerte. Una historia que tiene responsables con nombres y apellidos. Los más dignos prefirieron el exilio antes que convertirse en cómplices. El investigador de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona Jaume Claret Miranda, autor de El atroz desmoche. La depuración universitaria tras la Guerra Civil, destapó la caja de los truenos. Dice en su tesis doctoral: "No parece normal que José Mariano Mota Salado designe a un colegio público sevillano. ¿Es posible honrar de tal manera a un sujeto que era contrario a la libertad de pensamiento y que se sumó a los golpistas? Con su ayuda usurpó el rectorado a su predecesor Francisco Candil Calvo, quien salvó su vida huyendo de Sevilla. Mota hizo la lista de los profesores y directores que habían de ser depurados. La represión no la ejercieron sólo los militares, sino también los compañeros."

María Antonia Iglesias, en su libro Maestros de la República, afirma: "No cometieron más delito que su militancia y compromiso con la educación pública y la liberación de los más débiles. Los delatores que mandaban a los asesinos tenían aspecto de ser muy buenas personas, pero nadie osaría imaginar lo que hicieron".

Se me olvidaba: la secretaria de la "comisión depuradora de maestras" fue la inspectora Elena Canel, que todavía da nombre a un colegio de Triana.

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