las claves

pilar Cernuda

El después de las elecciones y el antes de los pactos

Gobernabilidad. Mariano Rajoy está seguro de que podrá formar Gobierno y se muestra dispuesto a negociar concesiones para reformar la Constitución, la Lomce o las pensiones

RAJOY está enfadado. Todos los días se desayuna con las informaciones sobre la estrategia que va a seguir de cara a los pactos que necesita para ser elegido presidente y esas informaciones le producen enfado por dos razones: una, significa que personas de su partido cuentan lo que no deberían; dos, si los dirigentes de la oposición conocen los planes de Rajoy, ¿qué les va a ofrecer para que lo apoyen? Están en condiciones de tener la respuesta preparada para exigir más de lo que el presidente en funciones está dispuesto a conceder. Que es mucho, porque está convencido de que cualquier fórmula de Gobierno que pase por encima del PP pone en peligro la unidad y la estabilidad económica de España.

Pese al enfado, está muy satisfecho del resultado. Ninguna encuesta recogía que el PP incrementaría sus escaños y sólo Pedro Arriola -que no hace encuestas, pero tiene experiencia y olfato- le decía convencido que podría subir hasta 15 diputados. Hay pruebas porque también se lo contó a algún periodista.

Por otra parte, Rajoy, a medida que avanzaba la campaña y veía la respuesta de la gente, estaba seguro no sólo de ganar sino de que mejoraría los sondeos. En la jornada electoral, con todo el PP con los nervios de punta por las israelitas, el único sereno era Rajoy, aunque algún medio advertía que las elecciones podía ganarlas Podemos.

En Podemos el ánimo es muy distinto, como ocurre en Ciudadanos (C's) y, en menor medida, en el PSOE, donde para consolarse del peor resultado de su historia usan el argumento de que es un triunfo impedir el sorpasso y que eso supone que Sánchez se consolida como líder indiscutible del partido.

Argumento endeble, que se vino abajo la misma noche electoral al ver el rostro descompuesto de Sánchez y que se desmoronó a las pocas horas, y en los días sucesivos, cuando distintos barones regionales declararon en público que el mensaje del 26-J era muy claro y el PSOE tenía que dejar gobernar a Rajoy y pasar a la oposición. Alguno, como Fernández Vara, fue aún más lejos al decir que si era preciso el PSOE debía colaborar con Rajoy para ser investido con los votos que necesitara.

Lo que ocurre en el interior de C's es una incógnita, porque no pasa una hora desde que uno de sus dirigentes haga una interpretación del resultado y explique qué va a hacer su partido ante la investidura de Rajoy, para que salga otro para afirmar lo contrario.

Es evidente que saben hacer las cuentas y han visto que el medio millón de votos perdidos se corresponde con el que ha sumado el PP, lo que significa que un porcentaje alto de sus votantes no quiere saber nada de acuerdos con el PSOE ni de compadreos de Rivera con Iglesias aunque sean en el plano personal. Como es evidente también que ha tenido que afectarles el artículo de Francesc de Carreras en el que expresaba su disconformidad con la estrategia seguida, y la carta de varios fundadores del partido en la que criticaban las decisiones últimas de Rivera y su empeño en vetar a Rajoy. La respuesta de que ellos no tienen ningún cargo en el partido no fue la más adecuada: todas son personas de reconocidísimo prestigio cultural e intelectual, y gancho para el voto a C's.

El partido en el que más se ha visualizado la preocupación, el desconcierto y el malestar por el resultado es Podemos. Ya se había advertido meses atrás las discrepancias entre Iglesias y Errejón, y se ven aún más abiertamente cuando se ha comprobado que el pacto con IU no ha servido para nada. No han sumado ningún escaño más de los que ya tenían las dos formaciones y han perdido un millón de votos. En el sector de Errejón vuelven a expresar su desacuerdo con ese pacto, y en el de Iglesias culpan a Errejón de diseñar una mala campaña.

Hay desencanto generalizado y la conclusión a la que ha llegado Carolina Bescansa, socióloga y persona fundamental en el partido, a la que habían encargado un informe sobre el resultado, es que tanto la alianza con IU como la campaña han influido en que no se hayan cumplido las expectativas.

A pesar de las discrepancias internas, tanto en el entorno de Iglesias como en el de Errejón aseguran que es impensable que se produzca una fractura. Por encima de cualquier tensión está el profundo afecto que sienten y el respeto mutuo. Y van a estar juntos en la indispensable reconducción de una formación que ha crecido demasiado deprisa. Sí preocupa que las confluencias han sufrido una bajada de votos y puedan caer en la tentación de culpar a la dirección de Podemos. Es la razón de que hayan convocado una reunión para analizar lo ocurrido entre todos, confluencias y Podemos, y tomar las medidas necesarias para relanzar un partido que hace una semana estaba convencido no del sorpasso sino de que podían ganar al PP de Rajoy.

¿Y ahora? Llega el momento de los pactos. Rajoy ha querido iniciarlos de forma inmediata, pero se tomará su tiempo para negociar en profundidad y amarrar bien los posibles acuerdos, ya que de ello depende la estabilidad de su futuro Gobierno. Porque está seguro de que va a poder gobernar, cosa lógica después de lo que ocurre en el PSOE, donde cada vez son más numerosas las voces que insisten en Rajoy debe gobernar.

Para alcanzar la deseada estabilidad querría contar con apoyos expresos y espera lograrlos de Coalición Canaria y quizá del PNV. Con los primeros no habrá problemas, pero sólo aportarían un diputado, y con los segundos es más complicado, aunque mantiene una buena relación con Urkullu. Pero el lehendakari tiene elecciones en otoño y un pacto con el PP puede perjudicarlo. Además, el PNV nunca estará en un pacto del que forme parte C's. Y viceversa. Aunque no está claro que Rajoy pueda alcanzar un acuerdo con los naranjas vista la animadversión personal y política que siente Rivera hacia él.

Rajoy va a intentar algún acuerdo con Convergència, que colaboró en los años de Aznar y apoyó importantes iniciativas legislativas. Eran otros tiempos, antes de que Mas pusiera en marcha el proceso independentista. Aun así, va a intentarlo, y de hecho algún dirigente del PP se ha puesto en contacto estos días con gente de CDC y del PNV. También de Ciudadanos y del PSOE, para sondearlos.

Lo que sí sabe Rajoy es qué va a ofrecer: reforma de la Constitución concretando los artículos que deben ser tocados, reanudar el pacto de Toledo sobre pensiones, reformas laboral y de la Lomce, apoyo a los gobiernos socialistas regionales que han pactado con Podemos... La lista es larga y aún tiene algún as en la manga.

Los barones del PSOE están mayoritariamente por dejar gobernar a Rajoy; unas terceras elecciones serían suicidas. Pero no quieren ni oír hablar de una gran coalición, aunque, una vez se concreten los pactos de Rajoy con otros partidos, si llegaran, le prestarían los votos necesarios, de abstención o incluso a favor, para ser elegido presidente en la segunda convocatoria, la de la mayoría simple. Y pasarían a la oposición.

Eso sí lo tienen claro los socialistas: neutralizar a Iglesias desde la oposición para convertirse de nuevo en el referente de la izquierda. ¿Con qué líder? Es la gran incógnita, que se decidirá en el congreso que aún no se ha convocado.

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