La tribuna económica

Gumersindo / Ruiz

La deuda de España no es una carga para Europa

LOS acontecimientos de la semana pasada, con alarmas creadas en torno a la deuda española, y las exageraciones habituales, han servido al menos como un revulsivo y toma de conciencia de la gravedad de la situación de la economía, forzando acuerdos con empresarios, sindicatos y la oposición. Cuando se compara a España con otros países de la Unión Europea (UE) hay que tener en cuenta el peso de nuestra economía.

Según un indicador del Banco Central Europeo, a efectos de participar en su capital, nuestro país supone un 12% del área del euro y un 8,3% del total de la UE, contando tanto los que pertenecen al euro como los que no. La suma de Grecia y Portugal no llega al 3% y al 2%, respectivamente. Cualquier referencia a España ha de valorar lo que ha aportado a Europa, cómo ha llegado a la situación actual, con todo lo bueno y lo malo de estos años, y el papel que corresponde a cada uno en la crisis.

Es verdad que España tiene un fortísimo endeudamiento que, en diez años, pasa de ser casi dos veces el producto bruto de la economía, a casi cuatro (3,7%). La deuda se reparte así: las empresas deben 1,4 veces lo que produce la economía en un año; 0,9 veces las familias; 0,8 las entidades financieras; y 0,6 el estado. En sí, deber 3,7 veces lo que producimos en un año no es tan grave; si lo viéramos desde la perspectiva de una familia que produce e ingresa al año, por ejemplo, 40.000 euros, y debe 148.000, no nos parecería una cifra preocupante. Sin embargo, España tiene dos problemas; uno, el gasto público creciente para hacer frente al desempleo, y la falta de ingresos por caída de la actividad económica; otro, que el subyacente de buena parte de esa deuda es vivienda y suelo, depreciados, lo que impide la recuperación de la economía y restringe el crédito bancario.

El interés que España paga por su deuda es casi un punto más de lo que le cuesta a Alemania; esto supone entre un 2,5% y un 4%, según los plazos, lo que sigue siendo un interés muy bajo. Esta deuda se paga en una moneda fuerte como el euro, que si se debilita tampoco es malo, pues la referencia de partida respecto al dólar es la paridad. En los movimientos de estos días no se ha prestado suficiente atención a la especulación en los mercados, que se manifiesta en el coste del aseguramiento de crédito, los CDS que tanto llaman la atención a algunos, que deberían corresponderse con lo que se exige de tipo de interés por la deuda, y no es así, exagerando el riesgo de la deuda española. Además, las emisiones suponen comisiones muy importantes para la banca de inversión, que ha movido el mercado con sondeos inapropiados, inflando la demanda, igual que los fondos soberanos tenedores de paquetes de deuda que no quieren que sus carteras se deprecien.

El endeudamiento de España ha servido para absorber inmigración que venía a Europa, generar empleo, consumo, construir infraestructuras, y crear actividad económica y financiera en Europa; por eso decimos que España no es una carga, ya que en otro momento fue una pieza fundamental de la maquinaria de producción europea. La solución a los problemas actuales ha de ser, pues, conjunta, aunque esto no exime de responsabilidad a los gobiernos nacionales.

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