la tribuna económica

Joaquín / Aurioles

La deuda pública estadounidense

STANDARD & Poor's ha puesto en vigilancia la deuda pública norteamericana a largo plazo debido a la peligrosa evolución del déficit. Las cuentas públicas de EEUU son muy similares, salvando la escala, a las españolas. Ambas están endeudadas por una cuantía algo superior al 60% del PIB, lo que no estaría nada mal, dadas las circunstancias, si no fuera porque también las dos amenazan con crecer de manera imparable durante los próximos años, como consecuencia de la necesidad de financiar un déficit que, también en ambos casos, llegó a situarse por encima del 11% del PIB en 2009. Otra característica común es que una parte significativa de este porcentaje es estructural. El déficit estructural aparece cuando los ingresos y la evolución esperada de los mismos resultan insuficientes para cubrir el coste de los servicios públicos, lo que obliga a un endeudamiento creciente que convierte a la situación en insostenible desde un punto de vista financiero.

También los dos países han concedido la máxima prioridad a la solución del problema, aunque las diferencias comienzan a aflorar a la hora de decidir las formas. España empieza a vislumbrar los resultados del ajuste fiscal impulsado por el gobierno, que hasta el momento ha descansado más sobre los hombros del contribuyente y el gasto social que sobre los del propio sector público, donde la mayor parte de los ajustes se han centrado en la reducción de los costes de funcionamiento, pero sin entrar a fondo en la reducción del tamaño. En cualquier caso, y a pesar de las reticencias del FMI, el Gobierno insiste en que durante 2011 se reducirá hasta el entorno del 6% del PIB, bastante inferior al 10% que se espera en Estados Unidos. Allí se estima que el déficit no bajará de los 1,5 billones de dólares, lo que obligará a pedir nuevos préstamos y a forzar el acuerdo entre republicanos y demócratas en torno a la propuesta de ajuste fiscal de 4 billones de dólares en 12 años propuesta por el presidente Obama que, de momento, mantienen su enfrentamiento sobre si el recorte debe aplicarse preferentemente en el gasto de la seguridad social o en el de defensa.

Estas diferencias son las que, según indican, han llevado a S&P a tomar la histórica decisión de poner en vigilancia la calidad de la deuda pública estadounidense. Hay de fondo una notable desconfianza en torno a que la reactivación de la economía pueda mantenerse tras la finalización, en el mes de junio, del segundo programa de estímulos monetarios de la Reserva Federal, aunque todo parece indicar que el principal motivo de inseguridad sigue siendo el dólar. Sin previsiones de corrección en los tipos de interés y tras volver a caer frente al euro, a pesar de la rebaja en el rating de bancos irlandeses y las dudas sobre la reestructuración de la deuda griega, el problema de un dólar en caída libre planea sobre los mercados de materias primas, especialmente sobre el del petróleo, y sobre los acreedores norteamericanos que vuelven a refugiarse en el oro, cuyo precio ronda la barrera de los 1.500 dólares por onza, lo que se interpreta como augurio de inestabilidad financiera internacional.

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