las dos orillas

José Joaquín León

La dimisión de Arenas

ESTE año 2012 está siendo horribilis para los Arenas. En marzo vimos que Javier ganó las elecciones andaluzas sin terminar de ganarlas; y así pasó lo ya sabido, o sea que está Zoido. En junio, el otro Arenas, Adolfo (el Arenas que ganaba elecciones), volvió a ganarlas, con un 77% de los votos, y ya está en su casa dimitido, por no haberlas ganado como debía ganarlas, que era no habiéndose presentado. Una retirada a tiempo es una victoria. Y siempre hubiera sido mejor que terminar de aquesta manera, dejando en mal lugar al arzobispo, al cardenal y a un pregonero.

Cuatro años no es nada, pero es bastante. Cuatro años le bastaron a Luis Rodríguez-Caso para ser un gran presidente del Consejo, mejorando a otros que permanecieron ocho. Con cuatro años y con los nuevos estatutos encarrilados, o incluso aprobados si hubiera retrasado las elecciones, hubiera quedado Adolfo Arenas estupendamente. Todo el mundo sabe que si en 2012 ha sido candidato único es porque la oposición no fue capaz de montar una candidatura anti-Gloria bendita; y porque no dieron el paso adelante otros candidatos que están ahí, como Lázaro, esperando a que les digan "levántate y anda". El tiempo de Arenas era hasta 2012.

Se ha ido por las malas, al causar daños colaterales sin querer. Todo el mundo sabe ya que el cardenal Amigo Vallejo rechazó ser pregonero, por enésima vez. Curiosamente, si hubiera aceptado, ahora Arenas seguiría de presidente. Todo el mundo sabe que el pregonero elegido, Francisco Javier Segura, tenía la oposición de casi medio Consejo, con lo cual lo dejan desairado, y diciendo que un joven de Gloria se impuso a dos reconocidos cofrades de Penitencia pura y dura. Pero a quien han dejado peor es al arzobispo Asenjo, que no tenía culpa de nada, y va a terminar harto de los capillitas y sus trifulcas, con toda la razón.

Yo no entiendo que un señor presente su "dimisión irrevocable" para que el arzobispo Asenjo le diga "no dimitas todavía, no dimitas por favor". Los dirigentes de verdad o dimiten, o no dimiten. Si dimiten es para irse por la puerta que sea, no para montar un paripé. Y si no quería dimitir, con haber seguido era suficiente, dimitió por su voluntad, se supone. El arzobispo ha comentado que Arenas no le llamó para preguntarle si dimitía o no. Y que, por el contrario, él si lo llamó después para agradecerle los servicios prestados y brindarle su amistad. No era de recibo la pretensión de que monseñor Asenjo le organizara un homenaje, o lo que fuera. Un arzobispo también tiene otras ocupaciones más serias.

Visto lo visto, lo mejor sería convocar elecciones cuando pase la Semana Santa. A ver si entra gente que le aporte al Consejo de Cofradías los valores que necesita en estos tiempos.

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