La tribuna

Alberto Priego Moreno

El discurso de Obama

EN una ocasión el presidente Abraham Lincoln se refirió a los Estados Unidos como "la última y mejor esperanza sobre la faz de la tierra" y es que la teoría del Destino Manifiesto ha estado siempre muy presente en la política exterior de los Estados Unidos a lo largo de su historia. Su origen lo encontramos en los puritanos escoceses e ingleses que se establecieron en Norteamérica, quienes argumentaban que ningún pueblo tenía derecho a expulsar a otro de la tierra salvo que éste estuviera obrando injustamente. Pues bien, este principio mesiánico ha inspirado a los Estados Unidos y le ha valido para legitimar su lucha contra el nazismo, contra la URSS y ahora contra el terrorismo islámico.

El discurso pronunciado por el presidente Obama en la Universidad Al-Azhar de El Cairo es otro ejemplo más del deseo norteamericano de extender la justicia, libertad y democracia por el mundo. Aunque algunos se esfuerzan por establecer una ruptura con la Administración anterior, solamente tenemos que remontarnos cuatro años en el tiempo para encontrar un ejemplo similar. El 20 de junio de 2005, Condoleezza Rice pronunció un discurso similar en la American University de El Cairo, en el que se apostaba claramente por la democracia frente a la estabilidad, es decir por apoyar las democracias frente a las dictaduras.

La elección de la Universidad de Al-Azhar está cargada de simbolismo, ya que se trata de uno de los centros académicos más respetados dentro del mundo musulmán. Fundado en el siglo X por los fatimíes, seguidores de la hija del profeta que da nombre a la universidad, incluso hoy es una referencia académica y teológica de primer orden dentro del mundo musulmán sunita. Su rector, el Shaikh al-Azha, posee una cierta fuerza moral sobre los ulemas sunitas, lo que nos da una idea la pertinencia del sitio para esta alocución. A esto debemos añadir que Egipto es, además de un aliado norteamericano, el primer Estado árabe en firmar la paz con Israel y en establecer relaciones diplomáticas con el Estado hebreo.

Si hacemos un breve análisis del discurso en sí, encontramos que el presidente Obama abordó todos los temas que generan fricciones en las relaciones entre Occidente y el mundo musulmán. Por ejemplo, respecto a los derechos de la mujer Obama señaló que si bien su situación supone una lacra para muchas mujeres musulmanas también hay que reconocer que podemos encontrar casos de mandatarias como Bhutto en Pakistán o Sukarnoputri en Indonesia. Respecto a la democracia, señaló la pertinencia de aceptar como universales y no propiamente occidentales valores tales como los derechos humanos o el Estado de Derecho. Otro de los puntos destacados fue el desarrollo económico que, si bien resulta clave en países como Malasia o Dubai, también es cierto que una redistribución de la riqueza frenaría el radicalismo islámico. No faltaron alusiones a la libertad religiosa, tan importante en Estados Unidos y cuyo modelo podría servir de ejemplo en el mundo árabe.

En el plano internacional dos fueron los temas que merecieron ser reseñados por Obama: Palestina e Irán. En relación con el conflicto palestino-israelí, recalcó la alianza inquebrantable entre Washington y Tel-Aviv, al tiempo que criticó duramente la situación del pueblo palestino, reforzando la necesidad de crear un Estado palestino. En lo que a Irán se refiere, reconoció el error norteamericano al apoyar el golpe de Estado de 1953, al tiempo que criticó la toma de rehenes que sucedió a la Revolución Islámica. Sin embargo, ambos incidentes forman ya parte de una etapa pasada que necesita ser superada y en la que no cabe un Irán con armas nucleares.

La nueva Administración norteamericana ha declarado la guerra a los extremistas islámicos que pretenden instaurar el modelo de los cuatro primeros califas (Al-Khulafa al-Rashidun) declarando la Yihad de la Espada sobre la tierra del ateísmo, de la corrupción y del capitalismo (dar-al-harb). Valiéndose de los medios militares, tal y como está demostrando en Pakistán y en Afganistán, y de los medios diplomáticos, el presidente Barack Hussein Obama, inspirándose en su venerado Abraham Lincoln, ha echado mano de la teoría del Destino Manifiesto para expulsar de la tierra a aquellos que están haciendo un mal uso de ella, es decir Al-Qaeda y los radicales que obstaculizan el entendimiento.

A juzgar por el último discurso de Ben Laden en el que acusaba a los dos últimos presidentes norteamericanos de sembrar la semilla del odio, bien se podría utilizarse la siguiente frase del Quijote: "Ladran, Sancho, luego cabalgamos".

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