La ciudad y los días

carlos / colón

El discurso del Príncipe

PERMÍTANME empezar hoy como terminaba ayer mi apreciado vecino de página José Aguilar: "Ahora que se critican tanto las debilidades de nuestro sistema democrático es momento de decir: sigue siendo mejor que ningún otro". Y añadir algo obvio: si le sacuden los escándalos es porque es el único sistema que garantiza la libertad para denunciar la corrupción y la independencia judicial para juzgarla. En las dictaduras no hay escándalos.

Dicho lo cual, y ante la crisis más grave sufrida desde la transición, siento lástima por este país -que no es una abstracción, sino todos nosotros intentando vivir y salir de apuros juntos- al que le han cargado con un pesado fardo cuando se estaba ahogando. Se ahogaba en la crisis económica; en la ininterrumpida catarata de escándalos y sobresaltos diarios; en el progresivo descrédito de los partidos y las instituciones; en el desmoronamiento de un PSOE con los ERE mordiéndole los cuartos traseros y un debilitado (y cuestionado) Rubalcaba intentando salvar los trastos tras el desastre Zapatero y los fracasos electorales; en la crisis de un PP con Bárcenas mordiéndole los cuartos traseros y un dubitativo Gobierno afrontando la peor crisis económica y social de nuestra historia democrática.

Se ahogaba en el desinterés democrático de la ciudadanía, en las tragedias de los desahucios, en el drama del paro, en los brotes populistas y antidemocráticos de los asedios al Parlamento y el acoso a los políticos, en el "no nos representan" dirigido a quienes -mejor o peor- son los únicos que nos representan, en el escándalo de los filoetarras legalizados vergonzosamente alzados a las instituciones. Y en eso le echaron a este pobre país, en vez de un salvavidas para mantenerse a flote hasta que bajen las aguas, el plomo de la imputación de la Infanta. Poco fundamentada, según la derecha. Fundamentadísima, según la izquierda a la que se le suben los tricolores. Sin entidad suficiente en sus argumentos, según la Fiscalía anticorrupción.

Espléndido, por cierto, el difícil discurso del Príncipe ayer. Nada menos que la entrega de despachos a nuevos 231 jueces en la poco constitucionalista Barcelona actual, el día siguiente de la imputación de su hermana. La Justicia, esencial para el mantenimiento del Estado social y democrático de Derecho -dijo el Príncipe-, cobra aún mayor trascendencia en momentos complejos como los actuales. Hay futuro. Si nos dejan tenerlo.

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