Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

A las doce,en casa

FERNANDO Gracia ha escrito sobre el Rey, sobre su padre, su madre, sus hijas y hasta sobre la primera novia oficial de su hijo, Isabel Sartorius. Cabe decir, por tanto, que constituye un cercano conocedor de nuestra Familia Real. La Princesa de Asturias, Letizia Ortiz, no podía ser menos y, desde La boda del siglo, el primer título que el investigador dedicó a su figura, le ha dado tema para cinco publicaciones más a las que incorpora, a partir de mañana, Carla Bruni eclipsó a Letizia.

"El mensaje final es advertir del error que supone tener una persona equivocada camino del trono de España", me confiesa Gracia acerca de un trabajo que, como el resto, nace con intención de sembrar polémica. ¿Necesaria? Bueno, depende de lo que a uno le interese la comparación entre la primera dama del gobierno francés y la esposa del Príncipe Felipe. "Son las dos únicas Cenicientas del mundo", continúa Fernando justificando una obra donde la tercera en discordia, tachán tachán, es una monarca de tan rancio abolengo como Isabel de Inglaterra.

Ella, con su actitud en Buckingham hacia cada una de estas damas, es la supuesta culpable de que, siempre según el biógrafo, doña Letizia quede a la altura de un zapato -no de cristal precisamente- frente a "la" Bruni por ostentar ésta un mejor apellido, disponer de más preparación cultural y poseer una presencia de mayor atractivo que la de nuestra en exceso delgada futura reina.

Son las bases para una "batalla" que, dato curioso, ninguna de sus dos rivales protagonistas son conscientes de haber emprendido. Así que, si es cierto que "dos no pelean si uno no quiere", poco futuro parece quedarle a una historia cuyo mayor atractivo, eso sí, son las intrigas palaciegas urdidas por la suegra de Diana de Gales. Lady di falleció sin que, hasta ahora, nadie se le haya subido a la chepa. El carisma, si no lo llevas contigo, es difícil ni aprenderlo, ni comprarlo. Por eso, consejo de hada, a las doce corriendo para casita. Es la única manera de evitar que se descubra el pastel.

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