la esquina

José Aguilar

¿Un dolor no deseado?

SIEMPRE es mejor que los abertzales lamenten el sufrimiento causado por ETA a que lo jaleen, pero el documento de Bildu-Batasuna no es un paso adelante en la buena dirección, sino un paso adelante hacia lo mismo: la pretendida legitimación a posteriori del terror ejercido por la banda contra la sociedad española.

Preguntémonos qué hay de nuevo en el documento, tan cursi como siniestro (Viento de solución; construyamos la paz en el proceso democrático). Ausente la palabra perdón y desterrada la posibilidad de pedir la disolución de ETA, lo novedoso sería que la llamada izquierda abertzale "lamenta no haber apoyado a las víctimas de ETA" como a las víctimas de los dos estados, español y francés, y reconoce que "nos ha faltado hacia unas víctimas la sensibilidad mostrada con otras", generando con su posición política "un dolor añadido o un sentimiento de humillación". Pero un dolor infligido "de manera no deseada".

¿Cómo que de manera no deseada? Cuando celebraban los asesinatos o señalaban con pintadas y dianas las casas de las víctimas futuras, ¿lo hacían de manera no deseada? Cuando acosaban a los concejales democráticos, los perseguían e insultaban, les escupían y les hacían la vida imposible, ¿era involuntario? Cuando vitoreaban a los verdugos y los nombraban hijos predilectos, ¿les obligaba alguien o algo que no fuera su propia identificación con ellos? Cuando, ahora mismo, no ya hace años, acuden a los juicios a jactarse de sus simpatías con los que tienen las manos manchadas de sangre, ¿no saben que se están ensañando con el dolor de las víctimas y de sus familias y volviéndolas a humillar?

De dolor no deseado nada. Lo desearon, lo buscaron y lo consideraron durante mucho tiempo su prioridad política, dentro de la estrategia de socialización del sufrimiento que ellos mismos habían teorizado. Igual que ahora desean, buscan y consideran su prioridad convencernos de que, una vez derrotados, no haya vencedores y vencidos, sino un empate entre dos tipos de violencia condenables, al que ellos ya han aportado el cese de la "actividad armada" de ETA, lo que justifica plenamente la reclamación de que el Estado democrático cese en su política represiva que mantiene a los terroristas en la cárcel. Pelillos a la mar, aquí no ha pasado nada, los dos bandos son iguales y los dos deben moverse para liquidar el conflicto.

Menos mal que el Gobierno y los partidos democráticos parecen firmes. Si aceptaran el pasito de estos días como un avance que les obliga a algo a ellos estarían aceptando el relato explicativo de los años de plomo que han preparado ETA y sus cómplices: que su lucha no ha sido en vano y, por tanto, que la lucha de la democracia contra ellos, la sangre derramada y las vidas truncadas, no han servido para nada. Un relato indigno, inaceptable y falaz.

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