la tribuna

Rogelio Velasco

La economía en la campaña electoral USA

PARA un observador europeo resultan sorprendentes la mayoría de las propuestas económicas que los candidatos republicanos de Estados Unidos realizan durante la campaña electoral. En estos momentos, todavía hay cuatro en liza de los ocho que inicialmente competían para ser nominado candidato republicano a las elecciones presidenciales que se celebrarán este año.

En España, y en el resto de los países europeos, los programas de los partidos tradicionalmente contienen promesas que implican aumentos generalizados del gasto público. Construir más autovías, extender la red de trenes de alta velocidad, hacer más hospitales, crear la atención domiciliaria. Esta perspectiva es replicada en las elecciones regionales. Por el lado de los ingresos, rara vez se promete una reducción de los impuestos.

Al otro lado del Atlántico, los candidatos republicanos no hablan de nada de eso. Ninguno de los aspirantes realiza promesas de mejora de los servicios públicos. La excepción la constituyen la seguridad y la defensa. Pero a ninguno se le ocurre proponer la construcción de más infraestructuras, apoyar a la industria, hacer accesible la sanidad pública a toda la población o conceder becas a los estudiantes que no pueden pagar la matrícula universitaria.

Por el contrario, una constante de todos los candidatos es la reducción de impuestos. El votante republicano medio detesta pagar impuestos -aunque los paga. La tradición desde la época de la colonia, es que el Estado debe intervenir lo mínimo en la economía y en la sociedad en general. Si usted dispone de recursos, los utiliza para pagarse todos los servicios que en Europa consideramos públicos. Si no dispone de ellos, no puede esperar que el Estado le ayude.

Con esta visión, ocurre que los candidatos que todavía compiten realicen propuestas fiscales de acuerdo con el mínimo común denominador. Todos quieren aparecer como el candidato que más rebajas fiscales propone. Liderado por Mitt Romney (el candidato mejor colocado para ganar), los candidatos proponen reducir los impuestos directos a todos los americanos. En la actualidad, el tipo marginal del impuesto sobre la renta se sitúa en el 35%, pero sólo afecta a aquellos con una renta del trabajo superior a los 380.000 dólares (290.000 euros).

Pero no afecta a todos. Muchos profesionales y trabajadores independientes tienen la posibilidad de cambiar la naturaleza de la renta que perciben y en lugar de provenir del trabajo pasan a ser consideradas ganancias de capital, como si se tratara de inversiones. En ese caso, el tipo es del 15%.

De hecho, uno de los enfrentamientos entre los candidatos ha sido provocado por la declaración de la renta hecha pública por Romney, que percibe casi todas sus rentas en forma de ganancias de capital. Con una renta recibida en 2010 de 40 millones de dólares, pagó menos del 14% en impuestos.

El candidato, para defenderse, ha declarado que propone que todos los norteamericanos paguen lo mismo: un tipo impositivo plano del 15% para todos los contribuyentes.

Estas propuestas tan radicales vienen acompañadas por otras que en Europa parecerían disparatadas. Paul, otro de los contendientes, propone suprimir el banco central, la Reserva Federal, a la que acusa de todos los males de la economía. Gingrich, sobre el mismo asunto, propone prohibir que la Reserva Federal compre deuda pública. Incluso Santorum, que cierra la lista, afirma que será Dios el que le indique qué hacer en asuntos económicos o de otra naturaleza.

Bajos impuestos, amordazar a la Reserva Federal, eliminar regulaciones (en una de las economías más desreguladas del mundo) y explotar todas las energías que hay en EEUU son las propuestas económicas fundamentales de los candidatos republicanos. Esta última cuestión, la energética, cobra de nuevo un papel muy relevante. Conscientes de que tienen que mandar el ejército cada diez años a algún lugar del Golfo Pérsico para proteger el petróleo que consumen, la explotación de las fuentes domésticas resulta clave. Proponen la exploración del subsuelo de Alaska y la concesión de muchos más permisos para explotar el gas natural que se encuentra dentro de rocas en el subsuelo profundo, cuyo coste ambiental todavía es desconocido.

Aunque el ganador entre los aspirantes republicanos suavizará su discurso cuando compita con Obama, estamos ante los candidatos republicanos más radicales de las últimas décadas. El resto del mundo debería estar preocupado.

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