Editorial

La economía española se desacelera

DURANTE los últimos tiempos, muchos medios de comunicación, incluido este periódico, han avisado reiteradamente del riesgo que corría la débil recuperación económica de España si continuaba la incertidumbre política. Lo que era un temor ya ha pasado a ser una realidad, según asegura un informe del Banco de España, que rebaja las previsiones de crecimiento del Gobierno para este año (2,7% frente al 3%) y el próximo (2,3% frente al 2,9%). La economía española se desacelera y puede ser peor si, como indica el director general de Economía y Estadística del BE, Pablo Hernández de Cos, continúa una incertidumbre política que, claramente, está incidiendo negativamente en el consumo y las inversiones, cuyos protagonistas tienen serias dudas acerca del curso futuro de las políticas económicas.

Después de haber sufrido una de las crisis económicas más graves de las que se guardan memoria, resulta un tanto llamativo y censurable que la falta de capacidad de diálogo de nuestros políticos esté dificultando el frágil proceso de recuperación iniciado hace poco más de dos años. Desde las pasadas elecciones del 20 de diciembre, llevamos ya más de tres meses en los que lo único que hemos podido ver son las maniobras dilatorias del candidato socialista, Pedro Sánchez, quien sabe perfectamente que sólo un pacto con el PP aseguraría la gobernabilidad del país y la consolidación del camino de la recuperación. En este sentido, el Boletín Económico del Banco de España es muy claro: "Las dudas acerca del curso futuro de las políticas económicas podrían incidir negativamente en las decisiones de gasto de los agentes privados, especialmente si la actual situación de incertidumbre política se prolongase en el tiempo". Esta indefinición política va más allá del problema económico y está afectando a nuestras relaciones diplomáticas. Ayer mismo conocíamos que el presidente de EEUU, Barak Obama, ha aplazado su viaje a España hasta que se despeje el futuro Gobierno. Evidentemente, necesitamos cuanto antes una cabeza visible a la que tanto la comunidad internacional como los mercados puedan identificar como un interlocutor válido.

Cierto es que la buena marcha de la economía supera la simple acción de un Gobierno determinado, ya que está vinculada a factores externos, pero también que éstos son actualmente muy favorables debido al bajo precio del petróleo y del dinero. No podemos seguir perdiendo el tiempo. España necesita ya un Gobierno creíble y sensato.

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