hoja de ruta

Ignacio Martínez

El efecto Urdangarín

EL Rey ha podido comprobar este fin de semana en Sevilla, una vez más, el cariño que le tienen los españoles. Su presencia en la final de la Copa Davis ha sido acogida con el aprecio y respeto que la figura de don Juan Carlos despierta. Ayer lo acompañó incluso el Príncipe heredero. Y, por cierto, un presidente de la Junta reaparecido tras su ausencia del día anterior y su amenaza de no comparecer en toda la competición. Un desaire al jefe del Estado, motivado por las desavenencias entre la Junta de Andalucía y el alcalde de Sevilla.

Hace un mes, un barómetro del CIS le daba a la monarquía el primer suspenso en este tipo de sondeos, aunque fuese por un ajustado 4,89. Medio punto menos que hace un año y dos puntos por debajo de la nota de 1997. Puede ser consecuencia de la crisis, de cuyas secuelas no se salva ninguna institución, pero más bien cabe pensar que se trata del efecto Urdangarín. Está claro que los ingresos millonarios, mayormente de fondos públicos, contabilizados por el yerno del Rey entre 2004 y 2006, con varias empresas situadas en torno al instituto Nóos sin ánimo de lucro, no han sentado nada bien a la opinión pública.

Desde su restauración, tras la muerte del dictador, siempre ha estado presente el debate sobre el fervor monárquico de los españoles. Es un hecho que la generación de la Transición es juancarlista militante, incluidos muchos republicanos. La autoridad del Rey, en particular desde su actuación en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, es incontestable, pero no parece que los jóvenes en general tengan el mismo grado de adhesión a la Corona de sus padres. Por eso, y ante un futuro relevo en la jefatura del Estado, y con la crisis que padece la sociedad española, el comportamiento impropio de un familiar tan cercano al Rey perjudica a la institución. Ese comportamiento, rastreado por las investigaciones de la Fiscalía Anticorrupción y un informe de 140 folios de Hacienda, es impropio haya o no cometido algún delito el marido de la infanta Cristina.

El efecto Urdangarín no afecta al prestigio de su señor suegro, pero sí erosiona el prestigio social de la monarquía.

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