Plaza nueva

Luis Carlos Peris

La elevación de lo absurdo

CASPOSA como casi todas, la semana anterior, Viernes de Dolores incluido, dio de sí un número considerable de noticias que ni son noticias ni nada que se le parezca, pero que ocupan unos espacios mediáticos tan amplios como increíbles. Noticias ridículas a granel, pero me quedo con dos para que tomemos buena nota de cuál es el paisaje y a dónde llega el paisanaje. Me quedo con el timo de la estampita que le dieron al presidente del Real Madrid en su propia casa y con la deriva que ha tomado el traje de novia de Belén Esteban, ese fenómeno mediático que, según su jefa Ana Rosa, representa al común de la mujer española que trabaja, bien sea una modistilla como la cajera del supermercado o la que vende helados ahora que llega el tiempo propicio para su consumo.

En su afán de protagonismo y dentro de la política que propulsó Florentino Pérez de que el palco del Bernabéu fuese un brillante escaparate, la otra tarde le metieron a Ramón Calderón un gol tan ridículo como el que encajó Miguel Reina con la Holanda de Cruyff o Arconada en la final de París. Un tipo llamado Paolo Calabresi, actor secundario italiano, se hizo pasar por Nicolas Cage y todo el mundo bocabajo en esa especie de Pasarela Cibeles que es el palco del Bernabéu las noches de partido. Hasta camiseta personalizada le dieron al pícaro italiano y, claro, cuando saltó por los aires la tomadura de pelo, al pobre Calderón le han coloreado la cara hasta límites insospechados. ¿Y eso de que a Belén Esteban no le quieren vender el traje de novia? La razón que esgrimen en la tienda es que, publicitariamente, se les vuelve en contra y temen que ninguna novia que se precie quiera vestirse como la madre de la hija de Jesulín.

Como puede comprobarse son dos noticias de indudable calado que trufa a la perfección con la actualidad de la semana después de las elecciones. Y si la pasada semana aventurábamos que ese día nadie reconocería su derrota, no fue así. Las cosas estuvieron tan claras, las urnas hablaron con tanta rotundidad, que los auténticos perdedores no tuvieron más remedio que agachar la cabeza y reconocer el descalabro. Hasta Llamazares dijo que se iría, algo que puede ser malísimo para el futuro de España, ya que si él permanece otros cuatro años en el machito, el fin de ese fracaso histórico que ha sido el comunismo se haría realidad en nuestro país. Pero nada tan noticioso como el simulacro de un italiano desahogado que holló la alfombra roja del Bernabéu o lo del comerciante que tuvo la ocurrencia de despreciar a una famosa que se hizo famosa por vía vaginal. Es la sociedad que nos toca vivir, el paisaje que nos alumbra y el paisanaje que nos acompaña en un viaje hacia no se sabe dónde.

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