En tránsito

eduardo / jordá

La empanada mental

UNA de las mayores causas de melancolía -ya que estamos en el día de los difuntos- para todos los que creemos en el Estado de bienestar y en una sociedad regida con un mínimo de generosidad y decencia, es ver la empanada mental que aqueja a buena parte de la izquierda que debería estar defendiendo ese mismo Estado de bienestar. Porque la visión de las cosas que tiene esa izquierda es tan delirante y tan irracional que uno se pregunta si esa gente está en condiciones de saber en qué mundo vive.

Y eso es lo que me pasa cuando oigo a ciertos intelectuales diciendo tan panchos que el proceso independentista catalán no es más que "el ejercicio del derecho de autodeterminación". Porque, vamos a ver, ¿de qué demonios está hablando esta gente? Ante todo, el derecho de autodeterminación, según la doctrina de la ONU, sólo es posible en una situación de dominio colonial, y nadie puede olvidar que la Cataluña autonómica controla sus propias fuerzas de policía, así como la educación pública y la televisión local. Raro territorio colonizado es ése que dispone de policía y enseñanza propias, de modo que parece muy exagerado compararlo con el territorio ocupado del Sáhara o con una isla remota del Pacífico en manos de una potencia colonial.

Y peor aún, estos representantes de cierta izquierda hablan de los recortes impuestos por el Gobierno del PP como si fueran una simple aplicación cruel de las políticas neoliberales. Y sí, es cierto que estos recortes están inspirados en la política neoliberal del directorio europeo, pero es que también son una consecuencia del endeudamiento masivo y del hundimiento económico de un país que no ha sabido -o no ha podido- crear la riqueza suficiente para financiar sus costosos servicios públicos. En este sentido es muy llamativo que nadie en la izquierda indignada haya escrito un solo artículo sobre la noticia que decía que es mucho más fácil abrir un negocio en Ruanda o en Túnez antes que en España. Y es que uno de los problemas más graves de esa izquierda es su incapacidad de entender la existencia de la economía productiva, ya que esa izquierda cree que el dinero público surge a chorros por una milagrosa generación espontánea, del mismo modo que en los túneles del metro de Caracas se aparece el rostro inmortal del comandante Hugo Chávez, según hallazgo reciente de unos operarios a los que habría que beatificar como en su día se beatificó a los pastorcitos de Fátima. Y ahí seguimos, en pleno territorio del delirio.

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