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Rafael / Padilla

Una enseñanza básica

Aveces, entre los muchos estudios que aparecen a diario, surge alguno que, por plantear un asunto nuclear, te obliga a revisar tus propios equilibrios. Es el caso de la Encuesta Mundial de Gallup 2015. En ella, junto a otras, se formula una cuestión crítica: si tuviera problemas, ¿cuenta usted con alguien en quien apoyarse? Se trata de averiguar, para el conjunto de las naciones, la calidad de las redes sociales en las que puede ampararse el individuo. La respuesta no es irrelevante: parece demostrado que quienes creen tener familiares y amigos a los que acudir en circunstancias difíciles son más felices que quienes no lo sienten así. Obsérvese que lo que se mide, por considerarla verdaderamente decisiva, es la mera percepción y no la existencia real de tales estructuras auxiliadoras.

La conclusión no es mala: un 79% de la población mundial contesta afirmativamente. Aun así, restan 1.500 millones de personas que reconocen carecer de ese mínimo soporte. Asombra, además, que el sentimiento de soledad sea mucho mayor, en todos los países, entre los pobres: la ruralidad, el subdesarrollo o la falta de recursos, siempre tenidos como factores que refuerzan los lazos familiares y sociales, acrecientan sin embargo el peligro de aislamiento.

En 2015, el país peor situado en este ámbito fue Benín. Allí, un territorio que malvive en la miseria, menos de la mitad e la población (un 43%) dice tener alguien que le pudiera respaldar en situaciones complicadas. En el otro extremo, Nueva Zelanda (99%), Uzbekistán (97%) y España (96%) presentan el mayor índice de cobertura social percibida.

Y es que en esto no hay sorpresas: hasta los médicos saben que sentir que alguien nos quiere y se preocupa por nosotros es algo absolutamente esencial para nuestra salud y para nuestro bienestar: así -y son evidencias científicas- el apoyo social está asociado con la mayor resistencia a las enfermedades, con el aumento de supervivencia en patologías graves, con un enfoque, al cabo, menos doloroso y más soportable de nuestros múltiples azares.

De ahí una enseñanza básica: estrechar vínculos con los tuyos, abrirte a los demás, no sólo enriquece tu vida sino que la alarga. Una investigación reciente ha descubierto que la sensación de falta de apoyo social acarrea el mismo riesgo de mortalidad que el tabaco. Ya sería triste que, voluntariamente encerrados, se nos llenara el alma de ese humo tan hiriente, tan necio, tan letal.

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