desde mi córner

Luis Carlos Peris

Dos equipos y un solo destino

Betis y Sevilla juegan a la misma hora y pensando de forma parecida, en cómo mirar el pozo desde más lejos

DISTINTOS sitios, pero a la misma hora. Betis y Sevilla libran esta noche sendas citas trascendentes y que en condiciones de normalidad no debieran ser consideradas como misiones imposibles. Ni mucho menos deben considerarse así las visitas del Espanyol al Betis y la del Sevilla a Santander. Así como el equipo catalán es más preocupante que el cántabro, el factor campo debiera ser elemento en el que bien podría el Betis apoyarse para mirar al pozo desde más lejos, no tan arrimado al brocal; y el Sevilla juega en El Sardinero y todo lo que no sea un triunfo será considerado como un fracaso más en este curso tan flojo.

Jornada la de este primer jueves primaveral de indudable contenido para el fútbol según Sevilla. Ha dicho Pepe Mel que no basta con ganarle a los grandes para salvarse, sobre todo si esos triunfos de los que habla se quedaron muchas veces en simples victorias morales que dan prestigio, pero que no se reflejan de forma halagüeña en la tabla clasificatoria. No se sabe qué hará el madrileño con la alineación, pero se barrunta que Salva Sevilla podría pagar su mal partido de Vallecas y no parece eso lógico. Eso es como si a un torero que no puede con la de Miura, lo quitan del cartel de la de Juan Pedro para que más que castigo sea una condena.

Y a esas veinte horas en todos los relojes de la atardecida liguera también comparece el Sevilla para resarcirse de una racha que se ha hecho preocupante. Estar a estas alturas de la Liga en la situación del Sevilla es para tocarse la ropa. Estar casi a la misma distancia de Europa que del descenso es algo que nadie habría creído allá cuando esto echó a andar y se miraba a Marcelino como el hombre que reverdecería los laureles que Juande llevó a Nervión. Partido con el que marca la frontera del pozo y todo lo que no sea ganar será malo, de la misma forma que sólo el triunfo es lo que el Betis ha de lograr ante un Espanyol que, ojo, en Villamarín se mueve a favor de querencia.

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