por montera

Mariló Montero

Un errado sueño turístico

HAITÍ sigue mirando hacia el cielo. Y cuando digo Haití veo a su presidente Michel Martelly buscando en el más allá -donde está la esperanza- la solución para que su país recupere las infraestructuras necesarias y poder independizarse de las ayudas, que por cierto, ya se han marchado. Parece que, el que fuera el cantante más famoso de Haití vaya a encontrar entre las nubes la fuente por donde broten sus deseos: empleo, mejorar el medio ambiente, dotar de energía a su pueblo y el uso y disfrute del Estado de Derecho para su gente.

La buena voluntad ajena parece tener labrada en su código de barras la fecha de caducidad. Ya no hay más onegés. A poco la del actor americano Sean Penn para derribar lo que quedó del Palacio Presidencial y recoger los escombros para su reciclaje. Quizá haya pasado en otras ocasiones pero es la primera vez que leo que los escombros de un edificio derrumbado por el crujir de las tripas de su tierra inquieta se vayan a reutilizar para los pobres.

Escuchar el discurso del nuevo jefe de Estado resulta esperanzador quizá porque nos dejamos contagiar por su claridad de ideas y la aparente buena fe de cumplir con el sueño por el cual dejó de cantar para encantar a su nación. Martelly habla claro, observa en su entorno y selecciona a los más expertos para contratarlos y así desarrollar entre buenos socios su proyecto que no se verá acabado hasta dentro de veinticinco o treinta años. El presidente quiere y necesita. Quiere renovar Haití y necesita mucho dinero para ello. Hace una descripción absolutamente clarificadora de los errores del pasado en los que no quiere incidir.

El problema actual de Haití es que es azotada constantemente por terremotos, huracanes y lluvias torrenciales. Y que no se protegieran los bosques por la indiscriminada deforestación por parte de los campesinos que cortaban todos los árboles dejando indefensa a la tierra que se derrite con cada lluvia arrastrando la construcción anárquica de pobres viviendas ocupadas por gente inmersa en la eterna miseria. La pobreza extrema ha creado una sociedad muy vulnerable desatendida por las débiles instituciones y el Estado que les abandonó. Martelly me hace recordar a Nelson Mandela cuando al llegar al poder evitó la venganza de los suyos contra quienes perdieron las elecciones al alcanzar la Presidencia. No quiere vengarse ni perder tiempo en responder a los ataques de la oposición. Quiere escolarizar al millón y pico de niños para que tras la universidad sean quienes estructuren un Haití que es un errado sueño turístico y una masa de barro donde se hunden los pies y los cimientos de una ilusión difícil de alcanzar. La respuesta está en el alma de Haití y la dignidad de los haitianos.

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