Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

El error de Arenas

JAVIER Arenas es un político que cuando acierta lo hace con rotundidad, pero que cuando se equivoca deja tras de sí estropicios de muy difícil solución. Apunten en el primer apartado su paso por el Gobierno que lo convirtió en el mejor ministro de Trabajo de las últimas décadas y que si se compara con lo que está haciendo en el mismo puesto su correligionaria y protegida Fátima Báñez se puede hablar de distancias siderales. O su esfuerzo de años para poner en órbita a un PP que en Andalucía parecía condenado a la irrelevancia ante un PSOE que extendía sus tentáculos hasta los rincones más recónditos del poder. Pero, como decíamos, sus errores son también de los que hacen época: su diseño de la campaña electoral de las autonómicas de mayo lo dejó a las puertas del poder proporcionando al PP la victoria más amarga que se recuerda en democracia y su espantada hacia Madrid ha dejado al partido sumido en el caos y sin capacidad real de erigirse en una alternativa real en el corto y medio plazo. El sondeo publicado el pasado viernes por el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía pone cifras y porcentajes a lo que percibe cualquier observador de la realidad política de la comunidad: el PP se hunde y le deja al PSOE un espacio que, o cambian mucho las cosas, o lo perpetuará en el poder durante años, solo o en compañía de otros.

Arenas se marchó de un día para otro, acosado por Dolores de Cospedal y sin que Rajoy atendiera su deseo de convertirse en un contrapoder en la sede madrileña de Génova. Se quitó de en medio a la espera de tiempos mejores -que sin duda le van a llegar- y dejó al frente del partido a un Juan Ignacio Zoido que tiene madera de cualquier cosa menos de líder regional. Lo está demostrando día a día: ni ejerce un liderazgo real dentro de su organización, en la que los taifas provinciales ganan terreno frente al aparato regional, ni en el Parlamento, donde se le van vivos semana tras semana un presidente y un Gobierno sumidos en la inactividad más palmaria, que lo lleva a vender como grandes logros de gestión un plan para el uso de la bicicleta u otras nimiedades por el estilo.

No toda la culpa es de Zoido. Dentro del PP juega contra él el factor sevillano que bloquea su proyección regional y su falta de vocación para liderar un proyecto que se salga de la capital, que es donde él se encuentra cómodo y donde maneja las claves. Y no va a romper ese círculo por mucho que se traiga a Rajoy a respaldarlo en actos tan desvaídos como el que protagonizaron esta semana en Sevilla junto al arzobispo Asenjo. El PP tiene un reto de fondo que está obligado a abordar cuanto antes, porque la falta de oposición efectiva no sólo les perjudica a ellos. Es un problema para el presente y el futuro de Andalucía.

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