Editorial

El escándalo cerca al Partido Popular

AUNQUE no deja de tener razón en sus quejas por las filtraciones del sumario y su denuncia de que se está condenando a la organización en su conjunto por las acciones de unos cuantos, el Partido Popular está afectado de lleno por el escándalo de la trama de corrupción investigada en los últimos meses en Madrid y otras comunidades y destapada la semana pasada por el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Ayer Garzón notificó, a instancias de la Fiscalía, un auto imputando a 34 personas (además de los tres detenidos el pasado viernes) en delitos de cohecho, tráfico de influencias, fraude fiscal y blanqueo de capitales. Entre ellos se encuentran el alcalde de Boadilla del Monte, que finalmente ha dimitido de este cargo, y el ex alcalde de Majadahonda, militantes en activo del Partido Popular, y el principal cabecilla de la trama, el empresario Francisco Correa, testigo de la boda de la hija de Aznar, al igual que otro de los imputados. Las investigaciones, aparentemente bien documentadas, apuntan a la existencia de un entramado de empresas, lideradas por Correa, responsables de la organización de actos y propaganda electoral del PP, pero que también han recibido encargos y contratas de instituciones gobernadas por el principal partido de la oposición. Si bien es cierto que desde la llegada al poder interno de Mariano Rajoy estas empresas se vieron apartadas de su trato privilegiado en la cúpula del partido, se ha podido comprobar que, utilizando sus vinculaciones y amistades, han seguido trabajando para algunos ayuntamientos y comunidades autónomas, con claros indicios de comisión de delitos en sus prácticas habituales. La vida de los partidos está plagada de casos de conseguidores que aparentemente resuelven problemas de la organización, aunque su actividad real se centra en el propio enriquecimiento por uso y abuso de sus relaciones con los dirigentes orgánicos. El PP tiene, en efecto, un grave problema. De su transparencia, firmeza y autoexigencia depende que pueda minimizarlo cortando de raíz lo que haya que cortar o que se vea enfangado en su conjunto, y durante mucho tiempo.

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