Las dos orillas

José Joaquín León

El escaño de Álava

SÓLO una cosa es segura en el País Vasco: todavía no habrá un lehendakari negro. Patxi López dijo en la campaña, medio en broma, medio en serio, que no hay que descartarlo en el futuro "porque los nuevos ciudadanos vascos tienen distintos colores". Eso ha quedado claro en estas elecciones. En ese País Vasco tan conflictivo hay dos mitades, los nacionalistas y los que no lo son, que esta vez han ganado por la mínima (con 100.000 votos nulos de batasunos). Pero en contra de lo que se dice, todavía no está claro que Patxi López sea el próximo lehendakari.

No se ha valorado en su importancia el escaño que el PSE perdió a última hora en Álava, por sólo ocho votos, que se adjudicó a EA. Aún sigue en disputa, a falta de escrutar el voto de los emigrantes. Con ese escaño, el PSE tenía 25, que sumados a los 13 del PP le daban la mayoría absoluta, sin contar al partido de Rosa Díez, cuyos planteamientos están hoy por hoy a la derecha de los populares. Aun dando por supuesto que UPyD no apoyará a los nacionalistas, no es lo mismo negociar a dos bandas que a tres, siendo la tercera en discordia una persona que huyó del PSE porque no estaba de acuerdo con las tesis de López. Aunque quiere un Gobierno vasco "constitucional", su apoyo al PSE no es tan incondicional como el del PP, que lo regalará con tal de desalojar del poder al PNV.

Pero al margen de estas elucubraciones, hay otro dato que no se puede obviar: el PNV ha sido el partido más votado y ha conseguido 30 escaños frente a los 24 del PSE. En Galicia, hace cuatro años, los socialistas también quedaron segundos y pactaron con los terceros, el BNG, para desalojar a los primeros, el PP, al que le faltó sólo un escaño para la mayoría absoluta. Esta vez los electores gallegos no les han dado la oportunidad de repetir la jugada. Al PSE, y al PSOE en general, empezando por el presidente Zapatero, le costará mucho trabajo asumir el odio eterno de los nacionalistas vascos, que son unos aliados de conveniencia para lo que les interesa.

El disputado escaño de Álava tiene su mandanga. No sólo da voz y voto a un tercero, sino que le resta glamour al resultado de Patxi López, que se quedaría a 6 escaños de Ibarretxe, con una subida respecto a hace cuatro años, pero con un retroceso respecto a las elecciones generales de 2008. Dejar fuera del Gobierno al partido más votado se puede hacer, o no, según dónde. Pero hacerlo en el País Vasco es tan atractivo como peligroso. Echar al PNV al monte de la oposición asegura un aumento de la conflictividad. Es una decisión a valorar con más reflexión que pasión, sobre todo cuando está garantizada la llave del Parlamento Vasco para cargarse todos los planes y delirios de Ibarretxe y sus colegas.

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