tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

A qué espera Canal Sur...

EL profesor Juan Torres se pregunta en un tuit: "Si este Gobierno PSOE-IU en Andalucía no logra ni siquiera cambiar la vergonzosa programación de la RTVA, ¿para qué puede servir?". Muchos nos hemos hecho una pregunta parecida en distintas ocasiones, porque la ingenuidad nos llevó a confiar en el sentido común de los políticos. La realidad se reveló contraria a la lógica, hasta hacer sospechosa tanta tozudez.

Es vergonzoso que en el proceso de modernización regional, ahora seriamente dañado, Canal Sur haya permanecido de espaldas a la estética de la nueva Andalucía y ajena al simple buen gusto, como si uno de sus principales objetivos fuese mantener la vigencia de los rasgos de identidad magnificados por los Álvarez Quintero. Canal Sur se percibe, en sectores muy amplios, con un discurso muy conservador, donde se recrean los tópicos que aún construyen la imagen de la región fuera de sus fronteras. Y esto es políticamente suicida.

En un tiempo de incertidumbres, ni se estimula el debate ni se cambia el trasfondo aldeano de muchos de sus programas. Probablemente, Juan Torres trate de llamar la atención de Izquierda Unida sobre las contradicciones que entraña una televisión con ese talante. Una televisión esquiva a la neutralidad política exigible al servicio público en materia de información, cuya escasa o nula rentabilidad social hace mucho más gravoso su coste económico. Porque al PSOE se le han dicho mil veces todas estas cosas y ha callado.

Organizaciones profesionales e instituciones académicas distinguen estos días a los servicios informativos de TVE por la estrategia periodística de la televisión pública, que se ha distanciado de la adulación al Gobierno y de la propaganda. Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de Canal Sur. Si la RTVE cayese en el error de abandonar el modelo de independencia y volviese al viejo discurso gubernamental, el argumento de la oposición se vería negado por el mal ejemplo andaluz.

La resistencia de Canal Sur a cambiar de rumbo no es nueva, como tampoco es nuevo el consenso de los políticos en afirmar que no les gustan sus contenidos, pero no hacen nada por mejorarlos. Cerca ya de cumplirse un cuarto de siglo de la cadena autonómica, parece hora de una revisión crítica del sentido de la RTVA, desvinculándola de la coartada sobre la necesidad de la televisión pública en una sociedad democrática y plural. Revisión crítica y lectura de su historia no autocomplaciente, porque ya en su origen comienzan a cultivarse los males que hoy la atenazan. Males que no por silenciados dejan de ser perfectamente conocidos.

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